Me acusaron falsamente, pero una brutal pelea en prisión cambió mi destino para siempre
Anteriormente: Tras ser traicionada por su propio socio y enviada a prisión, Claudia debe luchar por su supervivencia en un patio hostil donde las reglas son implacables.
Una oferta de libertad
En la penumbra de la oficina de la inspectora jefa, el ambiente era asfixiante. Claudia esperaba el peor de los castigos: aislamiento perpetuo o la pérdida de cualquier beneficio penitenciario. Sin embargo, doña Mercedes hizo algo inesperado. Cerró la puerta con llave y arrojó sobre el escritorio metálico un expediente que contenía una fotografía de Alejandro, el ex prometido de Claudia y el verdadero cerebro detrás del fraude millonario por el que ella cumplía condena.
—Sé perfectamente que eres inocente, Claudia. Tu prometido no solo te destruyó a ti, sino que también estafó a personas muy influyentes, incluido mi propio hermano —reveló Mercedes con una calma glacial—. La policía no puede atraparlo porque se esconde en un chalet blindado en la Costa del Sol. Necesitamos las pruebas digitales que tú guardaste.
La propuesta de Mercedes era tan tentadora como suicida: un permiso de salida de veinticuatro horas para que Claudia regresara a Madrid, recuperara el disco duro oculto en su antiguo edificio y se lo entregara a ella. A cambio, Mercedes utilizaría su influencia y los contactos de su hermano en la fiscalía para anular su condena. Si fallaba o intentaba huir, se aseguraría de que nunca volviera a ver la luz del sol.

A la mañana siguiente, Claudia cruzó el umbral de la prisión vistiendo de nuevo su ropa civil. El aire de la libertad condicional sabía a peligro. Se dirigió al sótano de su antiguo bloque de pisos en Madrid y, tras esquivar la vigilancia, logró recuperar el pequeño dispositivo oculto tras las tuberías. Pero la alegría duró poco. Al darse la vuelta para escapar, se encontró de frente con Tomás, el matón principal de Alejandro, quien la apuntaba directamente al pecho con un arma.
—El jefe sabía que vendrías a por esto, preciosa. Entrégame el disco o este será tu último día en la tierra —amenazó Tomás con una sonrisa fría.
”Entrégame el disco o este será tu último día en la tierra —amenazó Tomás con una sonrisa fría.