Traición · Historia

Me arrebataron la libertad para ocultar su traición, pero una llamada cambió mi destino

Me arrebataron la libertad para ocultar su traición, pero una llamada cambió mi destino — Parte 2
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Anteriormente: Sara soportaba el infierno de la prisión por un crimen que no cometió, pero cuando una fría guardiana intentó apagar su única conexión con el exterior, todo estalló.

La conspiración revelada

La victoria física de Sara duró apenas unos segundos. Sabía perfectamente que agredir a un oficial de prisiones era el equivalente a firmar su propia sentencia de muerte social dentro de la institución. En cuestión de minutos, fue arrastrada a golpes por el equipo de intervención directa hacia los despachos de administración. Sin embargo, en lugar de la temida celda de aislamiento oscuro, Sara fue arrojada al interior de la oficina del director de la prisión, donde un hombre de traje gris y expresión sombría la esperaba.

Era el señor Mendoza, el veterano abogado de su difunto padre. El director de la prisión abandonó el despacho de inmediato, cerrando la puerta tras de sí con un silencio sepulcral. Mendoza se apresuró a sentarse frente a Sara, examinando sus muñecas esposadas con profunda preocupación.

Me arrebataron la libertad para ocultar su traición, pero una llamada cambió mi destino
—Sara, lo que has hecho en el pasillo es una locura, pero tus problemas fuera de estos muros son inmensamente peores —comenzó Mendoza con urgencia—. Tu madre ha sido trasladada a cuidados intensivos esta mañana.

El corazón de Sara se detuvo. El dolor de la agresión física no era nada comparado con el vacío absoluto que sintió en el pecho.

—¿Qué está pasando, Mendoza? —preguntó ella, apretando los dientes—. Mi hermana me prometió que cuidaría de ella.
—Sofía te mintió desde el primer día —reveló el abogado, sacando un fajo de documentos confidenciales de su maletín—. Falsificó tu firma en un poder notarial absoluto. En este preciso momento, está en una notaría del centro de la ciudad firmando la venta de la casa familiar y de todos los activos que tu padre te dejó en el testamento. Planea desconectar a tu madre y huir del país esta misma tarde.

Sara sintió que la rabia la consumía. Pero la revelación más dolorosa aún estaba por llegar. Mendoza se inclinó hacia ella, bajando el tono de voz al mínimo.

—La guardiana Begoña no te atormenta por placer, Sara. Está en la nómina de tu hermana. Sofía le paga una fortuna mensual para asegurarse de que tu estancia aquí sea un infierno insoportable y de que jamás tengas acceso a una apelación legal.

Antes de que Sara pudiera procesar la magnitud de la traición de su propia sangre, la puerta de la oficina se abrió de golpe. Begoña entró cojeando, con el labio partido y la mirada llena de un odio homicida, acompañada por tres guardias armados listos para reducir a Sara.

Begoña entró cojeando, con el labio partido y la mirada llena de un odio homicida, acompañada por tres guardias armados listos para reduc…