Venganza · Historia

Me encerraron para silenciarme, pero no sabían con quién se estaban metiendo en prisión

Me encerraron para silenciarme, pero no sabían con quién se estaban metiendo en prisión — Parte 1
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La ley del más fuerte

El eco de las puertas de metal cerrándose era el único sonido constante en el módulo femenino de la prisión de Cruz del Sur. Sara, una joven contadora de veinticinco años, aún no lograba acostumbrarse al olor a humedad y desinfectante barato que impregnaba cada rincón de su nueva realidad. Había sido condenada por un delito fiscal que no cometió, víctima de una trampa tendida por su propio jefe para salvar su imperio financiero. Sin embargo, en aquel infierno de cemento, su inocencia no importaba. Lo único que importaba era sobrevivir al día a día.

Esa tarde, buscando un instante de aislamiento, Sara subió a la litera superior de la celda compartida. Apenas cerró los ojos, sintió un tirón violento y brutal en sus tobillos. Su cuerpo voló por el aire antes de impactar con dureza contra el suelo de hormigón. El dolor le recorrió la columna, dejándola sin aliento. Al levantar la vista, se topó con la mirada burlona de Carla, la reclusa más temida del pabellón, una mujer corpulenta que controlaba todo el módulo con puño de hierro.

Me encerraron para silenciarme, pero no sabían con quién se estaban metiendo en prisión
—El suelo es tuyo, novata —le espetó Carla, soltando una carcajada despectiva mientras se sentaba en la litera inferior.

Las demás reclusas se agolparon en la entrada de la celda, esperando el habitual llanto de sumisión. Pero Sara, impulsada por meses de rabia acumulada, se apoyó en el suelo templado y la miró con una fijeza gélida.

—Gran error, zorra —escupió Sara, levantándose de inmediato.

Carla rugió enfurecida y se lanzó hacia ella con los puños en alto. Sara, más ágil, esquivó el embate. Con movimientos precisos, conectó dos golpes rápidos en las costillas de su oponente, haciéndola tambalear. Aprovechando el desconcierto de Carla, la tomó por el cuello y la estampó de cara contra el suelo. En cuestión de segundos, Sara se arrodilló sobre su espalda, inmovilizándole el brazo.

—Disfruta del suelo —le susurró fríamente al oído antes de ponerse de pie y ajustarse el uniforme, dejando a la líder derrotada ante la mirada atónita de todos.

En cuestión de segundos, Sara se arrodilló sobre su espalda, inmovilizándole el brazo.—Disfruta del suelo —le susurró fríamente al oído a…