Traición · Ficción breve

Me encerraron por un crimen ajeno, y en prisión mi peor enemiga me esperaba

Me encerraron por un crimen ajeno, y en prisión mi peor enemiga me esperaba — Parte 1
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El rugido del patio

El sol de la tarde caía implacable sobre el patio de la prisión de Cruz del Sur, un rectángulo de hormigón gris rodeado por imponentes vallas metálicas coronadas con espirales de alambre de espino. Para Irene, aquel lugar se había convertido en un purgatorio injusto desde que su hermana Clara la traicionara, incriminándola en un desfalco millonario para quedarse con la herencia familiar. Pero la pesadilla estaba a punto de volverse física.

En medio del patio, las reclusas formaban corrillos de murmullos cuando una figura imponente se interpuso en el camino de Irene. Era Roxanne, la mujer más temida del penal, una fuerza de la naturaleza con brazos esculpidos por el levantamiento de pesas y una mirada cargada de hostilidad. Vestida con una camiseta blanca de tirantes y pantalones azules de presidiaria, Roxanne no ocultaba sus intenciones. Se acercó a Irene con paso lento, marcando su territorio ante la mirada atenta de las demás presas.

Me encerraron por un crimen ajeno, y en prisión mi peor enemiga me esperaba
«Disfruta de tu último día de sol, niña rica», siseó Roxanne, antes de lanzarse al ataque.

Roxanne arremetió con un puñetazo salvaje directo al rostro de Irene. Sin embargo, Irene no era una víctima indefensa. En su vida anterior, el kickboxing había sido su vía de escape, y esos reflejos seguían intactos. Con un movimiento rápido, Irene levantó los brazos en guardia, bloqueando el impacto que resonó en todo el patio. Roxanne, enfurecida por el bloqueo, lanzó un segundo golpe de izquierda, pero Irene esquivó el ataque con agilidad, inclinando el torso y respondiendo con un certero golpe al hígado que hizo jadear a su oponente.

La tensión estalló en gritos de aliento de las espectadoras. Roxanne, herida en su orgullo, lanzó una patada lateral con la intención de quebrar la defensa de Irene. Pero la agilidad de Irene fue superior: esquivó el golpe y, aprovechando la inercia de la atacante, conectó una patada giratoria impecable en el pecho de Roxanne. El impacto envió a la giganta al suelo de hormigón con un ruido sordo, dejando al patio entero en un silencio absoluto.

El impacto envió a la giganta al suelo de hormigón con un ruido sordo, dejando al patio entero en un silencio absoluto.