Me encerraron por un crimen que no cometí, pero la guardia descubrió mi secreto
Anteriormente: Cuando Sara fue derribada en el patio de la prisión, pensó que todo había terminado. Pero la intervención de una guardia implacable estaba a punto de desenterrar una verdad oculta.
Tras el violento altercado en el patio, Sara fue arrastrada por los fríos pasillos de la prisión hasta las celdas de aislamiento. Celia, la oficial que la había reducido con tanta brusquedad, empujó a la reclusa al interior del pequeño habitáculo sin ventanas. El sonido metálico del pestillo al cerrarse pareció sentenciar el destino de Sara. Sin embargo, lo que ocurrió a continuación desafió toda lógica carcelaria.
El secreto de la celda de castigo
Celia se dio la vuelta rápidamente. En lugar de sacar su porra o comenzar un interrogatorio hostil, liberó las muñecas de Sara de las esposas con una delicadeza insólita. Su rostro, antes una máscara de severidad profesional, ahora reflejaba una profunda angustia.

—Tienes que actuar como si me odiaras, Sara. No tenemos mucho tiempo —susurró la guardia, pegando su oído a la puerta para asegurarse de que nadie escuchaba en el pasillo.
Sara, confundida y limpiándose la sangre del labio, retrocedió con desconfianza. ¿Era esto una trampa psicológica para hacerla confesar algún delito interno?
—¿De qué estás hablando? ¿Por qué me has traído aquí si la que me atacó fue Begoña? —preguntó Sara con amargura.
Celia suspiró y extrajo un pequeño dispositivo de grabación de su chaleco táctico.
—Sé que eres inocente del fraude por el que te condenaron, Sara. Mi hermano fue el contador principal que desvió los fondos y te usó como chivo expiatorio. He entrado a trabajar en este penal solo para encontrar la forma de ayudarte a limpiar tu nombre —confesó Celia, con los ojos empañados—. Pero Begoña está a sueldo de mi hermano aquí dentro. Su misión es asegurarse de que no salgas viva de esta prisión.
La revelación golpeó a Sara con más fuerza que cualquier golpe físico. Begoña no la molestaba por simple crueldad; era un peón en un juego de ajedrez mortal diseñado para silenciarla para siempre. Celia le explicó que debían provocar que Begoña confesara su alianza con el exjefe de Sara esa misma tarde, durante el almuerzo en el comedor común. Sería extremadamente peligroso, pues Begoña iría armada.
”Sería extremadamente peligroso, pues Begoña iría armada.