Segundas oportunidades · Historia

Me humillaron en prisión sin saber que la reclusa más peligrosa me protegería

Me humillaron en prisión sin saber que la reclusa más peligrosa me protegería — Parte 2
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Anteriormente: Sara pensó que su vida en prisión terminaría de la peor manera bajo el acoso de Begoña. Pero un inesperado rescate de la reclusa más temida cambiaría su destino para siempre.

Una alianza forjada en las sombras

María llevó a Sara hacia la zona de las duchas traseras, asegurándose de que nadie las siguiera. Mientras ayudaba a Sara a quitarse el abrasivo detergente de los ojos y el rostro con agua tibia, el silencio entre ambas se rompió con una revelación que cambiaría todo para siempre.

—Sé exactamente quién eres, Sara —dijo María en un tono bajo pero firme—. Sé que fuiste la contadora de Construcciones Alberto, y sé que estás aquí pagando por el desfalco que cometió tu exesposo.

Sara abrió los ojos de par en par, olvidando por un momento el dolor físico. Miró a la imponente mujer con una mezcla de sospecha y esperanza. Nadie en esa prisión conocía su verdadera historia; para todos, ella era simplemente una delincuente más.

Me humillaron en prisión sin saber que la reclusa más peligrosa me protegería

María le explicó que su propia familia había sido arruinada por el mismo hombre años atrás. Alberto no solo era un manipulador, sino un criminal de cuello blanco que destruía vidas sin piedad. María había ingresado a prisión bajo cargos menores para protegerse, pero antes de hacerlo, había logrado sustraer de la oficina de Alberto un disco duro con las pruebas definitivas de la inocencia de Sara y de los fraudes de su exesposo.

Sin embargo, la tregua duró poco. De repente, las alarmas del pabellón comenzaron a sonar con un eco metálico y ensordecedor. El jefe de seguridad de la prisión, acompañado por tres guardias armados y una Begoña aún adolorida pero sedienta de venganza, irrumpió en el área de lavandería.

—¡Ahí están! —gritó Begoña, señalando con el dedo acusador—. María me atacó sin motivo y tiene contrabando escondido.

Los guardias rodearon de inmediato a María, listos para trasladarla a las celdas de aislamiento de máxima seguridad. María miró a Sara con desesperación y le hizo una leve seña con la cabeza hacia un conducto de ventilación detrás de los casilleros de metal. El destino de ambas dependía de lo que Sara decidiera hacer en ese preciso instante.

El destino de ambas dependía de lo que Sara decidiera hacer en ese preciso instante.