Traición · Historia

Mi esposo me traicionó en el hospital, pero el obstetra descubrió su oscuro secreto

Mi esposo me traicionó en el hospital, pero el obstetra descubrió su oscuro secreto — Parte 1
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Una traición en el pasillo de maternidad

El dolor de las contracciones era un fuego lacerante que recorría el vientre de Lorena, pero nada la había preparado para el frío glacial que sintió al ver aparecer a su esposo. Vestida con un sencillo camisón verde de hospital, se aferraba a las paredes del pasillo de maternidad del hospital de Madrid, buscando desesperadamente ayuda. Sus piernas temblaban y las lágrimas empañaban su vista. Fue entonces cuando las puertas de doble hoja se abrieron de golpe, revelando a las dos personas en las que más había confiado en su vida.

Roberto caminaba con la seguridad de un hombre de negocios implacable, vistiendo un traje negro impecable que parecía fuera de lugar en la pulcritud blanca de la clínica. A su lado, Tiffany lucía un vestido azul eléctrico, con una expresión de desprecio absoluto grabada en el rostro. Lorena, de rodillas en el suelo debido al dolor de un parto inminente, estiró la mano buscando apoyo. Sin embargo, en lugar de compasión, lo que recibió fue una avalancha de odio.

Mi esposo me traicionó en el hospital, pero el obstetra descubrió su oscuro secreto
—¡Este circo se acaba hoy, Lorena! Ese bebé no va a arruinar nuestros planes —gritó Tiffany, abalanzándose sobre ella con las manos extendidas como garras.

Roberto observaba la escena inmóvil, apoyado contra la pared del pasillo con una tranquilidad escalofriante, como si la woman que estaba a punto de dar a luz a su hijo no fuera más que un obstáculo que debía ser eliminado. Las enfermeras del ala gritaron horrorizadas, incapaces de reaccionar ante la repentina violencia.

Antes de que Tiffany pudiera tocar a Lorena, una figura con bata blanca se interpuso con la fuerza de un roble. El doctor Pérez, el obstetra que había seguido todo el embarazo de Lorena, bloqueó el ataque de Tiffany con sus brazos. Con un gemido de esfuerzo, el doctor esquivó los golpes desesperados de la mujer del vestido azul y, con un movimiento firme y decidido, la empujó con fuerza, haciéndola caer sobre el frío suelo del hospital. El pasillo quedó en un silencio sepulcral, roto solo por los sollozos de Lorena.

El pasillo quedó en un silencio sepulcral, roto solo por los sollozos de Lorena.