Venganza · Historia

Mi mejor amiga me salvó de un abismo y juntas cobramos la traición más dulce

Mi mejor amiga me salvó de un abismo y juntas cobramos la traición más dulce — Parte 2
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Anteriormente: Cuando Marcos empujó a Claudia por la borda de un lujoso yate, pensó que se había librado de ella para siempre. Pero no contaba con la furia de Sara y un secreto oculto.

El agua salada quemaba los ojos de Claudia mientras luchaba por salir a la superficie. Afortunadamente, su instinto de supervivencia y las cuerdas de seguridad que colgaban del casco del yate le permitieron mantenerse a flote. Sara, asomándose por la borda, le tendió los brazos con desesperación y logró subirla de nuevo a la cubierta. Ambas temblaban, no solo por el frío del agua, sino por la brutalidad de lo que acababa de ocurrir. Mientras tanto, en el agua, Marcos pataleaba con torpeza, gritando amenazas e insultos mientras intentaba alcanzar la escalerilla de popa.

—¡Tenemos que entrar ya, Claudia! ¡Hay algo que debes ver en el camarote! —gritó Sara, arrastrando a su amiga hacia el interior del barco.

Secretos bajo la cubierta

Una vez dentro, Sara se dirigió directo al escritorio donde Marcos guardaba sus pertenencias de viaje. De un cajón oculto extrajo una carpeta de cuero negro que había descubierto por accidente minutos antes del ataque. Al abrirla, Claudia sintió que el mundo se derrumbaba bajo sus pies. No se trataba de un simple arrebato de locura de su prometido; era una conspiración minuciosamente planificada.

Mi mejor amiga me salvó de un abismo y juntas cobramos la traición más dulce

Allí reposaban pólizas de seguros de vida a nombre de Claudia por sumas astronómicas, con firmas falsificadas que imitaban la suya a la perfección. Pero lo más alarmante eran varios documentos financieros manipulados que incriminaban directamente a Claudia en un desfalco millonario dentro de la empresa constructora de su propio padre. Marcos pretendía asesinarla o encarcelarla para quedarse con el control absoluto de todo el patrimonio familiar.

De pronto, la puerta del camarote se abrió de par en par con un golpe seco. Marcos estaba de pie bajo el umbral, empapado de agua salada y con los ojos inyectados en sangre. En su mano derecha sostenía un arpón de pesca de punta afilada, listo para disparar. El hombre sumiso y encantador había desaparecido por completo; en su lugar, solo quedaba un monstruo acorralado dispuesto a silenciarlas para siempre.

El hombre sumiso y encantador había desaparecido por completo; en su lugar, solo quedaba un monstruo acorralado dispuesto a silenciarlas…