Una novata indefensa en prisión encuentra a su protectora tras un brutal ataque
Anteriormente: Lidia pensó que no sobreviviría a su primera semana en prisión tras ser traicionada por su propia familia, pero una inesperada alianza con la reclusa más temida cambiará su destino para siempre.
Una alianza sellada con sangre
En la enfermería de la prisión, el silencio era solo interrumpido por el sonido de la lluvia golpeando las ventanas enrejadas. Sara vigilaba la puerta mientras Lidia se recuperaba del ataque. Fue allí donde la verdad comenzó a desenredarse, revelando un abismo de traición mucho más profundo de lo que Lidia jamás imaginó.
Sara confesó que su intervención en el patio no había sido un acto de caridad aleatorio. Ella conocía perfectamente a Manuel, el prometido de Lidia. Con la mirada fija en el suelo, Sara reveló que su propia hermana menor había sido víctima del mismo hombre tres años atrás. Manuel la había utilizado para blanquear dinero y, cuando la policía estuvo a punto de descubrirlo, la incriminó y pagó a Begoña para que la silenciara permanentemente dentro de la cárcel.

—Tu prometido es un monstruo, Lidia. Mi hermana no sobrevivió para contar su historia, pero juro por mi vida que tú sí lo harás —declaró Sara con los puños apretados.
Lidia sintió que el mundo se derrumbaba bajo sus pies. El hombre al que amaba no solo la había enviado a prisión, sino que había puesto precio a su cabeza para borrar cualquier cabo suelto. La complicidad de Begoña con los guardias corruptos significaba que el próximo ataque sería definitivo si no actuaban rápido.
El plan era arriesgado: debían conseguir el microchip con las pruebas que Sara había logrado ocultar en las tuberías del taller y entregárselo a una abogada de derechos humanos durante la visita del día siguiente. Sin embargo, la red de Manuel era extensa. Al caer la noche, el director de la prisión, visiblemente nervioso, ordenó un traslado de urgencia para ambas reclusas a un centro penitenciario de máxima seguridad en el norte del país, un lugar del que nadie regresaba con vida. El tiempo se les había agotado.
”Al caer la noche, el director de la prisión, visiblemente nervioso, ordenó un traslado de urgencia para ambas reclusas a un centro penite…