La niña que me pidió fingir ser su padre ocultaba un oscuro secreto
Anteriormente: Cuando una niña asustada entró corriendo a la cafetería suplicando ayuda, Gabriel no dudó en protegerla de un misterioso perseguidor, desenterrando una red de secretos que cambiaría sus vidas para siempre.
El acecho del lobo
Gregorio avanzó por el pasillo central de la cafetería, analizando a los pocos clientes con una mirada que helaba la sangre. Sus pasos firmes resonaban en el suelo ajedrezado. Al llegar a la altura de la mesa de Gabriel, se detuvo de golpe. Sus ojos se clavaron en la cazadora militar y en el bulto sospechoso que se ocultaba tras ella.
—Buenas tardes —dijo Gregorio, con una voz profunda que pretendía ser amable, pero que destilaba una amenaza implícita—. Busco a mi sobrina. Es una niña con trenzas y cortavientos rojo. Se ha escapado y estamos muy preocupados por su seguridad. ¿La ha visto?
Gabriel sostuvo la mirada del hombre sin pestañear, manteniendo una calma fingida que requería un esfuerzo sobrehumano.

—Se equivoca de lugar, amigo —respondió Gabriel con voz firme—. Aquí solo estamos mi hija y yo, esperando a que amaine la tormenta para poder continuar nuestro viaje. Déjenos tranquilos.
Gregorio entrecerró los ojos, sopesando las palabras del desconocido. Tras unos segundos de una tensión insoportable, el teléfono de Gregorio vibró. Tras mirar la pantalla con frustración, dio media vuelta y salió de la cafetería hacia la tormenta. Sin embargo, el peligro estaba lejos de terminar.
Alicia, temblando en los brazos de Gabriel, comenzó a revelar la terrible verdad. Gregorio era su tutor legal, pero también el cerebro detrás del accidente automovilístico que había acabado con la vida de sus padres para quedarse con su herencia. Alicia había encontrado los documentos incriminatorios y había huido para salvar su vida.
Gabriel supo que debían marcharse de inmediato. Pero al mirar por el ventanal empañado, descubrió que Gregorio no se había ido: estaba junto a su coche, y una de las ruedas delanteras estaba completamente rajada. Segundos después, un apagón general sumió la cafetería en una oscuridad absoluta, y un fuerte golpe sacudió la puerta trasera del local.
”Segundos después, un apagón general sumió la cafetería en una oscuridad absoluta, y un fuerte golpe sacudió la puerta trasera del local.