Traición · Historia

Mi prometida humilló a mi abuela sin saber que la casa le pertenecía a ella

Mi prometida humilló a mi abuela sin saber que la casa le pertenecía a ella — Parte 2
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Anteriormente: Cristóbal regresó a casa antes de tiempo y descubrió a su prometida tratando a su abuela como a una esclava. Lo que no imaginaba era el oscuro secreto que saldría a la luz.

Torres se levantó del suelo con una furia salvaje en el rostro, frotándose el codo golpeado. Lejos de mostrar arrepentimiento, su mirada se volvió fría y calculadora. Se arregló el cabello y miró a Cristóbal con una sonrisa de absoluta superioridad.

—¿Te has vuelto loco, Cristóbal? —siseó Torres, cruzándose de brazos—. ¿Me empujas por defender a esta vieja decrépita? Te aseguro que te vas a arrepentir de esto el resto de tu vida.

Cristóbal, sosteniendo a su abuela entre sus brazos, le ordenó con voz firme que hiciera sus maletas y se marchara de inmediato. Sin embargo, la reacción de la joven no fue la que él esperaba. Torres soltó una carcajada estridente que resonó en todo el apartamento.

Mi prometida humilló a mi abuela sin saber que la casa le pertenecía a ella
—¿Que me vaya? —preguntó ella con ironía—. Creo que estás muy confundido. Esta casa ya no es tuya, Cristóbal. ¿O es que ya olvidaste los documentos que firmaste el mes pasado antes de tu viaje?

El corazón de Cristóbal dio un vuelco. Recordó un documento que Torres le había presentado como un simple poder notarial para gestionar los preparativos de la boda y la administración del hogar durante sus largas ausencias. Con horror, se dio cuenta de que había sido víctima de una trampa perfectamente orquestada.

—Firmaste la cesión de la propiedad a mi nombre —declaró Torres, sacando su teléfono para mostrar las escrituras registradas—. Además, he transferido todos los ahorros de la cuenta de tu abuela a una cuenta privada a mi nombre. Legalmente, no tenéis nada. Así que, si alguien tiene que marcharse de este apartamento hoy mismo, sois vosotros dos.

Juana comenzó a llorar desconsoladamente, disculpándose con su nieto por haber sido una carga y por no haberle dicho nada antes debido a las constantes amenazas de Torres. Cristóbal sintió que el mundo se derrumbaba bajo sus pies, pero se negó a rendirse ante la maldad de la mujer que alguna vez había amado.

Cristóbal sintió que el mundo se derrumbaba bajo sus pies, pero se negó a rendirse ante la maldad de la mujer que alguna vez había amado.