Traición · Ficción breve

Tras defenderse de una guardia cruel, una reclusa descubre la verdad sobre su madre

Tras defenderse de una guardia cruel, una reclusa descubre la verdad sobre su madre — Parte 2
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Anteriormente: Sara solo quería felicitar a su madre por su cumpleaños, pero la crueldad de una guardia desató una pelea que reveló un secreto guardado durante años tras los muros de la prisión.

La verdad oculta tras los muros

La represalia fue inmediata. En cuestión de minutos, cuatro guardias redujeron a Sara y la arrastraron por el pasillo hacia las celdas de aislamiento. Begoña, con el labio partido y el orgullo destrozado, gritaba promesas de venganza mientras la limpiaban de la sangre del suelo. Sara fue arrojada a una celda oscura, donde el frío calaba hasta los huesos. Sabía que golpear a una funcionaria significaba una prolongación casi segura de su condena, pero en su fuero interno, no se arrepentía de haber defendido el último rastro de su dignidad.

Sin embargo, a la mañana siguiente, el destino dio un giro inesperado. La puerta de la celda no se abrió para llevarla a un comité disciplinario. Dos agentes de Asuntos Internos, acompañados por el subdirector del centro penitenciario, la escoltaron hasta una oficina administrativa.

Tras defenderse de una guardia cruel, una reclusa descubre la verdad sobre su madre

Sobre el escritorio de madera maciza reposaba una caja de cartón repleta de sobres cerrados, todos dirigidos a Sara. Al ver la caligrafía temblorosa de su madre en cada uno de ellos, un nudo se le formó en la garganta.

—Sara, siéntate —dijo el inspector principal con un tono inusualmente compasivo—. Llevamos semanas investigando a la funcionaria Begoña por denuncias de extorsión y desvío de correspondencia. Hemos registrado su taquilla personal esta mañana.

El inspector deslizó una de las cartas abiertas hacia ella. Al leer las primeras líneas, las manos de Sara comenzaron a temblar. No eran simples cartas de amor de una madre convaleciente. Su madre, con la ayuda de un detective privado jubilado, había logrado reunir las pruebas definitivas que demostraban la inocencia de Sara en el caso de fraude por el que había sido condenada.

Pero lo más aterrador estaba al final del informe financiero adjunto: Begoña había estado recibiendo transferencias mensuales de una cuenta externa para asegurarse de que Sara nunca recibiera esas cartas. Al mirar el nombre del remitente de los pagos, Sara sintió que el mundo se derrumbaba. El hombre que pagaba para mantenerla encerrada era Carlos, su propio prometido, el mismo que había prometido esperarla fuera.

El hombre que pagaba para mantenerla encerrada era Carlos, su propio prometido, el mismo que había prometido esperarla fuera.