Traición · Ficción breve

Sobreviví a una emboscada en prisión y descubrí la verdad sobre mi hermana

Sobreviví a una emboscada en prisión y descubrí la verdad sobre mi hermana — Parte 2
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Anteriormente: Sara pensó que su estancia en prisión no podía empeorar, hasta que la reclusa más peligrosa la atacó en el patio por orden de alguien de su pasado.

Alianzas en la penumbra

La victoria en el patio había sido dulce, pero Sara sabía que en Cruz del Sur el orgullo herido se pagaba con sangre. Esa noche, se mantuvo despierta en su celda, aferrando un rústico cepillo de dientes afilado. Sin embargo, la figura que apareció tras los barrotes a medianoche no venía a matarla. Era Berta, con el rostro sombrío y la mirada inusualmente baja.

—Tenemos que hablar, Sara —susurró la giganta, escudriñando el pasillo—. Tu vida corre peligro aquí dentro, y no precisamente por mí.

Sara se acercó con cautela, desconfiando de cada palabra. Fue entonces cuando Berta confesó la verdad que lo cambiaría todo. No había atacado a Sara por diversión; alguien de fuera le había pagado una suma considerable para dejarla inválida. Cuando Berta pronunció el nombre de Lucía, el mundo de Sara se derrumbó por completo. Su propia hermana no se conformaba con verla encerrada; la quería destruida para siempre.

Sobreviví a una emboscada en prisión y descubrí la verdad sobre mi hermana
—Me prometió diez mil euros, pero solo me dio una miseria y ahora me ignora —gruñó Berta con rabia—. Nadie se burla de mí. Si me ayudas a hundirla, te daré los nombres de sus contactos.

La extraña pareja trazó un plan de escape legal: Sara fingiría una intoxicación grave para ser trasladada al hospital provincial, donde el hermano de Berta, un guardia corrupto, le facilitaría el acceso a un teléfono para recuperar las pruebas de su inocencia. Todo parecía marchar sobre ruedas hasta el amanecer.

A las seis de la mañana, las sirenas de emergencia comenzaron a aullar. La puerta de la celda de Sara se abrió de golpe y tres guardias de seguridad la redujeron contra el suelo frío sin contemplaciones. El sargento a cargo la miró con desprecio mientras le colocaba las esposas.

—Tu amiga Berta acaba de ser encontrada casi muerta en las duchas, y tú eres la única que tenía motivos para terminar el trabajo de ayer —sentenció el guardia.

El sargento a cargo la miró con desprecio mientras le colocaba las esposas.—Tu amiga Berta acaba de ser encontrada casi muerta en las duc…