La traición de mi hermana me llevó a prisión, pero allí encontré mi redención
Anteriormente: Tras ser traicionada por su propia sangre y enviada a una prisión de máxima seguridad, Stella debe enfrentarse a la reclusa más peligrosa para descubrir una verdad que lo cambiará todo.
El pacto de las sombras
La victoria en el patio no trajo paz, sino una tregua armada. Esa misma noche, durante el turno de lavandería, Stella fue acorralada en la penumbra del sótano. Sin embargo, no fue un ataque lo que encontró. Beatriz estaba allí, sola, con el rostro marcado por la pelea pero con una expresión de profunda desesperación en los ojos. Sin mediar palabra, sacó un pequeño teléfono móvil oculto entre las sábanas limpias y se lo mostró a Stella.
—Tu hermana Elena me pagó una fortuna para que te rompiera los huesos aquí dentro —reveló Beatriz con un hilo de voz—. Pero hoy he sabido que ha amenazado a mi familia fuera para asegurarse de que nunca salgas de esta prisión con vida. Elena no quiere dejar cabos sueltos.

El frío de la traición volvió a recorrer la espalda de Stella, pero esta vez vino acompañado de una fría determinación. Su propia hermana quería verla muerta para asegurar su imperio robado. Al verse unidas por el mismo enemigo, Stella propuso una alianza desesperada: usarían las pruebas de los pagos de Elena que Beatriz guardaba en ese teléfono para entregárselas al inspector general de prisiones durante su visita oficial al día siguiente.
El plan era extremadamente arriesgado. Si las descubrían con un teléfono móvil y acusando a personas influyentes del exterior, acabarían en celdas de aislamiento de por vida. Al amanecer, el sonido metálico de las celdas anunció el inicio de la inspección. Stella guardó el dispositivo en la manga de su uniforme, con el corazón latiendo desbocado. Cuando el inspector avanzaba por el pasillo principal, una reclusa aliada fingió un colapso, desatando la confusión generalizada. Stella aprovechó el caos para acercarse, pero justo cuando iba a deslizar el teléfono en el bolsillo del inspector, unos dedos de acero la aferraron fuertemente por la muñeca. Era el jefe de seguridad de la prisión, un hombre comprado por el dinero de Elena.
”Era el jefe de seguridad de la prisión, un hombre comprado por el dinero de Elena.