Aquellos motoristas que me acorralaron en la tormenta terminaron salvándome de mi propio pasado
El cielo de la tarde se teñía de un gris plomizo y amenazante sobre el patio del viejo colegio de ladrillo a las afueras de la ciudad. Clara descendía los escalones de hormigón mojado, con el corazón golpeándole el pecho con fuerza desbocada. El frío calaba sus huesos, pero el miedo que sentía por dentro era mucho más gélido que la llovizna que empezaba a caer. Llevaba un gorro de lana verde que apenas lograba ocultar su rostro pálido y una cazadora de cuero negro que se le pegaba al cuerpo húmedo. Huía de una mentira, de un hombre que había prometido amarla pero que en realidad había destruido a su familia.
Un encuentro inesperado en la tormenta
De repente, el estruendo de varios motores pesados rompió el silencio sepulcral del aparcamiento desierto. Clara se detuvo en seco en el último peldaño, con los ojos abiertos por el pánico. Un grupo de motoristas avanzó en formación y se detuvo justo frente a ella, bloqueando cualquier salida. La joven miró hacia atrás con una vacilación nerviosa, buscando desesperadamente una vía de escape, pero solo había paredes de hormigón y rejas altas.

El líder del grupo, un hombre robusto con barba densa que vestía una chaqueta de cuero marrón desgastada, apagó el motor de su imponente máquina. Se trataba de Álex. Su mirada, de un marrón profundo y sereno, se clavó en Clara. El ambiente se volvió denso, desaturado por los tonos grises de la tarde invernal.
"Parece que no tienes claro adónde vas. Quizá podamos indicarte el camino correcto", dijo Álex con una voz gruesa, calmada pero imponente.
Clara tragó saliva, incapaz de articular palabra. El rugido lejano de otro motor, esta vez de un coche que se aproximaba a gran velocidad, anunció que su perseguidor estaba muy cerca. El pasado del que huía estaba a punto de colisionar con aquel misterioso grupo de la carretera.
”El pasado del que huía estaba a punto de colisionar con aquel misterioso grupo de la carretera.