Atada al frío por sus propios compañeros, una cabo descubre la verdad más dolorosa
El frío de la sierra madrileña calaba hondo, pero no tanto como el hielo que Lucía sentía en el pecho. Atada firmemente al tronco de un robusto abedul, la joven cabo de la Guardia Civil contemplaba a los hombres que consideraba sus hermanos de armas. La nieve acumulada bajo sus botas militares parecía reflejar la frialdad de la situación. Frente a ella, tres oficiales de su propia unidad reían con descaro, sus uniformes impecables contrastando con el desorden de la escena.
Una humillación en la nieve
El viento soplaba entre las ramas desnudas del bosque, arrastrando el eco de una burla cruel. El capitán Mateo, con una sonrisa de suficiencia que desfiguraba su rostro habitual de líder respetable, dio un paso hacia ella. Los otros dos oficiales, Ruiz y Vega, permanecían a pocos metros, disfrutando del macabro espectáculo como si se tratara de una novatada inocente y no de un acto de pura intimidación.

—¿Tú eres general? —preguntó Mateo con una voz burlona y falsamente alegre, desatando una nueva oleada de risas entre sus cómplices.
Lucía intentó mantener la barbilla en alto, pero las lágrimas, calientes y amargas, comenzaron a rodar por sus mejillas, mezclándose con una risa nerviosa nacida de la pura incredulidad. ¿Cómo habían llegado a esto? Solo unas horas antes, creía que estaba cumpliendo con su deber al investigar el desvío de fondos de la comandancia. Ahora, se encontraba indefensa en medio de la nada.
Con un gesto lento y casi paternal, Mateo se acercó aún más. Extendió su mano enguantada y cubrió suavemente la boca de Lucía, apagando sus sollozos. La joven cerró los ojos, sintiendo el pánico apoderarse de cada fibra de su ser. El oficial luego deslizó sus dedos sobre los ojos de la cabo, privándola de la luz del atardecer invernal, un recordatorio silencioso de que su voz y su mirada ya no tenían poder en ese bosque olvidado.
”El oficial luego deslizó sus dedos sobre los ojos de la cabo, privándola de la luz del atardecer invernal, un recordatorio silencioso de…