Traición · Ficción breve

El empujón en el yate que reveló la peor traición de mi esposo

El empujón en el yate que reveló la peor traición de mi esposo — Parte 2
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Anteriormente: Cuando Marcos empujó a Claudia por la borda de aquel lujoso yate en Ibiza, pensó que se libraría de ella para siempre. No contaba con que Sara presenciaría todo.

El misterio de la lancha negra

Con el agua llenando mis pulmones, logré aferrarme al salvavidas que Sara me arrojó con desesperación. Con un esfuerzo sobrehumano, logré trepar por la escalera de popa y caer de rodillas en la cubierta, temblando de frío y de terror absoluto. Abajo, en el agua, Marcos chapoteaba angustiado, suplicando que no lo dejáramos morir. Pero la mirada de Sara era de puro acero. Encendió los motores y aceleró a fondo, dejándolo atrás aferrado a una boya salvavidas.

Mientras nos alejábamos a toda velocidad, el teléfono móvil de Marcos comenzó a vibrar con insistencia sobre la mesa exterior. Sara lo recogió y me lo entregó con manos temblorosas. Al desbloquear la pantalla, un mensaje de un número no registrado nos heló la sangre a ambas:

El empujón en el yate que reveló la peor traición de mi esposo
«¿Ya está hecho? La abogada tiene listos los papeles para transferir los fondos de la herencia en cuanto confirmes su desaparición.»

El corazón me dio un vuelco. No solo se trataba de un intento de asesinato, sino de una conspiración financiera orquestada por Valeria, la abogada en quien mi difunto padre más había confiado. Antes de que pudiera procesar la magnitud de la traición, un violento tirón sacudió la embarcación. El motor tosió una última vez y se apagó por completo. Nos quedamos a la deriva, en mitad del silencio del mar abierto.

Fue entonces cuando el sonido de un motor de alta cilindrada rompió la calma. Una lancha rápida de color negro mate se aproximaba a toda velocidad. No llevaba distintivos oficiales. Dos hombres corpulentos y con rostros cubiertos abordaron nuestro yate armados, exigiéndonos un maletín de seguridad que Marcos supuestamente debía entregarles esa misma tarde. Estábamos atrapadas en una red criminal de la que no sabíamos nada.

Estábamos atrapadas en una red criminal de la que no sabíamos nada.