Secretos de familia · Historia

El líder de los moteros tembló al oír el nombre del padre de este niño

El líder de los moteros tembló al oír el nombre del padre de este niño — Parte 2
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Anteriormente: Cuando el pequeño Esteban entró corriendo al peligroso club de moteros buscando refugio, nunca imaginó que el nombre de su padre desataría un torbellino de secretos del pasado.

El regreso de los fantasmas

La mención de Juan Vega paralizó a todos los presentes. Juan había sido el cofundador de la banda, el hermano de armas de Gabriel, un hombre legendario que había desaparecido misteriosamente ocho años atrás tras una emboscada que casi destruye al club. Todos lo daban por muerto. Que este niño apareciera ahora, reclamando ser su hijo, era como ver a un fantasma caminar entre los vivos.

Gabriel se arrodilló para quedar a la altura de Esteban, tomándolo firmemente de los hombros, intentando descifrar si aquello era una trampa.

El líder de los moteros tembló al oír el nombre del padre de este niño
—Juan no tenía hijos... —murmuró uno de los moteros veteranos, con la mano temblando cerca de su cinturón.
—Sí los tenía —respondió Gabriel, con la voz ahogada por la emoción—. Juan se alejó de todo para proteger a su familia. Yo lo sabía... pero pensé que no lo habían logrado. Esteban, ¿dónde está tu padre?

Antes de que el niño pudiera responder, el rugido de varios motores ajenos al club rompió el silencio de la noche exterior. Tres camionetas negras de cristales blindados frenaron bruscamente frente a la entrada. De ellas descendieron hombres armados con trajes oscuros, liderados por Mateo Santos, el implacable jefe de la mafia local que había jurado exterminar a los Lobos del Asfalto hace casi una década.

Mateo entró al almacén con una sonrisa cínica, apuntando con una pistola ametralladora hacia Gabriel. Sus hombres flanquearon la entrada, bloqueando cualquier salida.

—Vaya, qué reunión tan emotiva —dijo Mateo, con tono burlón—. Gabriel, entrega al cachorro de Juan Vega. Su padre nos robó algo muy valioso antes de desaparecer, y este niño es la llave para recuperarlo. Entrégalo y os dejaré vivir un día más.

Gabriel se levantó lentamente, colocándose delante de Esteban para protegerlo con su propio cuerpo. La tensión en la sala era insoportable; un solo movimiento en falso desataría una masacre en la que muchos de sus hombres no saldrían con vida. La lealtad del club estaba a prueba: arriesgarlo todo por el hijo de un viejo amigo o salvar sus propias vidas.

La lealtad del club estaba a prueba: arriesgarlo todo por el hijo de un viejo amigo o salvar sus propias vidas.