Secretos de familia · Historia

El misterio de la cicatriz real que el rey creía enterrada para siempre

El misterio de la cicatriz real que el rey creía enterrada para siempre — Parte 2
Imagen del vídeo original

Anteriormente: Un joven desahuciado se enfrenta a una bestia temible en la arena, pero al revelar una marca de nacimiento oculta, el destino del reino cambia para siempre.

Secretos bajo la corona de hierro

El combate fue suspendido de inmediato por orden directa del rey, dejando al coliseo sumido en un murmullo de desconcierto. Silas fue escoltado por la guardia real hasta las estancias privadas del palacio, un lugar de techos altos y tapices antiguos donde el aroma a incienso no lograba ocultar la tensión del ambiente. Allí lo esperaba el rey Carlos, flanqueado por su consejero de máxima confianza, el duque Bernardo.

El monarca se acercó lentamente a Silas, con las manos temblorosas alzadas hacia la marca del muchacho. Durante quince años, Carlos había arrastrado el luto de su único hijo, supuestamente fallecido en un devastador incendio provocado en el ala oeste del palacio. Sin embargo, la cicatriz que Silas portaba no era una herida cualquiera; era la marca de nacimiento de la dinastía real, un rasgo genético único que solo los primogénitos de la sangre del dragón heredaban.

El misterio de la cicatriz real que el rey creía enterrada para siempre
Dime quién eres y de dónde has sacado esa marca

Silas, con la voz firme a pesar del cansancio, relató cómo su madre adoptiva lo había criado en la más absoluta pobreza, exigiéndole que ocultara la cicatriz bajo el cuello de la camisa para salvar su vida. Mencionó las advertencias de la anciana sobre los traidores que querían verlo muerto.

Al escuchar el relato, el duque Bernardo intervino con fingida indignación, sugiriendo que Silas era un impostor pagado por los enemigos del reino para desestabilizar la corona. Bernardo insistió en que el joven debía ser ejecutado de inmediato antes de que el pueblo se enterara de su existencia. No obstante, las sospechas ya se habían sembrado en el corazón del rey. Carlos ordenó encerrar a Silas en la torre alta, no como prisionero, sino para protegerlo mientras buscaba la verdad, desatando la furia silenciosa del duque, quien planeó acabar con el heredero esa misma noche.

Carlos ordenó encerrar a Silas en la torre alta, no como prisionero, sino para protegerlo mientras buscaba la verdad, desatando la furia…