Traición · Historia

El regreso de la capitana traicionada que expuso las cicatrices de su dolor

El regreso de la capitana traicionada que expuso las cicatrices de su dolor — Parte 2
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Anteriormente: Elena sobrevivió a una trampa mortal planeada por su padrastro. Cinco años después, regresa a la gala familiar para revelar la verdad de sus cicatrices ante la alta sociedad.

La última carta del traidor

La revelación de que Elena no solo estaba viva, sino que ostentaba el rango de capitana y el respeto absoluto de las fuerzas armadas, cayó como una bomba en el salón. Los murmullos se propagaron como la pólvora. Ricardo, sintiendo que el suelo se abría bajo sus pies, intentó recuperar el control de la situación. Sabía perfectamente que las cicatrices de Elena eran la prueba física del atentado que él mismo había financiado en el extranjero para deshacerse de la única heredera de la fortuna Serrano.

El capitán Arturo dio un paso al frente, sosteniendo una carpeta con el sello oficial del Ministerio de Defensa.

—Ricardo Aldama, queda usted bajo arresto por conspiración, intento de homicidio y malversación de fondos del Estado —declaró Arturo con firmeza.

Los oficiales de la policía militar avanzaron para colocar las esposas al magnate. Sin embargo, en un movimiento desesperado, Ricardo esquivó a los guardias y se acercó rápidamente a Elena. Aprovechando la confusión, le susurró al oído con un tono gélido que le heló la sangre.

—Si dejas que me lleven, tu pequeña hermana Sofía morirá de hambre. Está encerrada en un lugar que solo yo conozco. Si no regreso esta noche, nadie la encontrará jamás.

Elena sintió que el mundo se detenía. Sofía, su adorada hermana menor, a quien creía a salvo en un internado extranjero, estaba en manos de ese monstruo. Las lágrimas comenzaron a resbalar por las mejillas de Elena, y un temblor incontrolable se apoderó de sus manos. La victoria que tanto había planeado se desmoronaba ante el chantaje más cruel.

Ricardo sonrió con malicia, sabiendo que la compasión de Elena era su mayor debilidad. Miró al capitán Arturo con arrogancia.

—Esta mujer sufre de delirios debido al trauma de la guerra, capitán. Todo esto es una farsa —declaró Ricardo, confiado en su impunidad.

Todo esto es una farsa —declaró Ricardo, confiado en su impunidad.