Venganza · Ficción breve

La traición que destrozó mi vida y la noche en que decidí cobrarme la deuda

La traición que destrozó mi vida y la noche en que decidí cobrarme la deuda — Parte 2
Imagen del vídeo original

Anteriormente: Cuando Lucía descubrió que su prometido le había robado todo para huir con su mejor amiga, no derramó una lágrima. Fue directa a buscar a la única familia que le quedaba.

El chantaje inesperado

El convoy de motocicletas rasgó la oscuridad de la carretera secundaria, iluminando los olivares con sus potentes faros. Lucía viajaba en la parte trasera de la chopper de Martín, sintiendo la vibración del motor como un latido de venganza. Se dirigían al piso franco donde Manuel y su amante, Marta, planeaban pasar la noche antes de tomar el vuelo que los llevaría lejos con el dinero robado. Los cincuenta mil euros de los ahorros de Lucía estaban en juego, pero para ella, el honor valía mucho más.

Llegaron al edificio de ladrillo visto en las afueras de la ciudad. Los moteros rodearon el portal en un silencio sepulcral, bloqueando cualquier vía de escape. Martín, seguido de cerca por Lucía y dos de sus hombres de confianza, subió las escaleras a paso firme. No hubo necesidad de llamar. De un solo puntapié, Martín reventó la cerradura, astillando el marco de madera de la puerta principal.

La traición que destrozó mi vida y la noche en que decidí cobrarme la deuda

En el salón, las maletas estaban abiertas sobre el sofá. Manuel y Marta, que ya contaban los billetes de avión sobre la mesa, se quedaron paralizados, pálidos por el terror. Al ver a Martín, Manuel dio un paso atrás, buscando inútilmente una salida.

—¡Por favor, Martín, podemos llegar a un acuerdo! —balbuceó Manuel, con el sudor frío corriéndole por la frente.

Martín lo levantó del suelo por las solapas de la chaqueta con una sola mano, dispuesto a hacerle pagar cada lágrima de su hermana. Sin embargo, antes de que el primer golpe cayera, Manuel, temblando pero con una mueca desesperada de astucia, metió la mano en su bolsillo interior y extrajo un sobre lacrado.

—Si me ponéis un solo dedo encima, este sobre llegará a la comandancia de la Guardia Civil —amenazó Manuel con voz temblorosa—. Contiene los registros de las rutas de transporte del club. Si yo caigo, vuestra banda cae conmigo.

Martín se detuvo en seco. Sus hombres se miraron entre sí, conscientes de la gravedad de la amenaza. Manuel había estado recopilando información confidencial durante meses. El silencio volvió a reinar en la habitación, cargado de una tensión insoportable.

El silencio volvió a reinar en la habitación, cargado de una tensión insoportable.