El humilde huérfano con la marca prohibida que paralizó el reino del dolor
El destino en la arena
El sol de Toledo caía implacable sobre las piedras milenarias del coliseo real, tiñendo la arena de un dorado casi místico. En el centro de la pista, la tensión se podía cortar con un cuchillo. Demetrio, un hombre de complexión imponente vestido con una túnica de seda azul marino que denotaba su alta posición y su inmenso desprecio por la vida humana, alzó los brazos para acallar a la multitud sedienta de espectáculo.
¡Quien mate a la bestia recibirá un kilo del oro del rey!
La multitud estalló en un rugido unísono. En ese momento, las pesadas rejas de hierro del foso comenzaron a levantarse con un crujido metálico que heló la sangre de los presentes. Desde la oscuridad, Esteban fue empujado sin piedad a la arena. Era un joven delgado, vestido apenas con una túnica gris hecha jirones que revelaba las penurias de una vida de servidumbre. Sus pies descalzos sintieron el calor abrasador del suelo mientras una enorme criatura de piedra gris, una bestia legendaria traída de los confines del reino, emergía rugiendo con furia.

La bestia cargó contra Esteban, levantando una densa cortina de polvo. El joven esquivó el primer embate con una agilidad desesperada, pero el violento movimiento desgarró por completo el cuello de su túnica. Al caer la tela, quedó expuesta una marca inconfundible: una cicatriz oscura, dentada y profunda en la base de su garganta.
En lo alto del palco real, el anciano rey Enrique observaba la escena con la mirada perdida de quien ha vivido demasiadas tragedias. Sin embargo, al enfocar sus ojos en el cuello del muchacho, su respiración se detuvo por completo. Su mano temblorosa soltó el cetro de oro, que cayó al suelo con un eco sordo.
Esa marca murió con mi hijo.
Las palabras del soberano, pronunciadas en un hilo de voz lleno de incredulidad y dolor, quedaron suspendidas en el aire mientras la bestia se preparaba para lanzar su ataque definitivo contra el joven.
”Su mano temblorosa soltó el cetro de oro, que cayó al suelo con un eco sordo.Esa marca murió con mi hijo.Las palabras del soberano, pronu…