El secreto militar que salvó a Aitana de las garras de su prometido
El asalto en el salón
El salón del nuevo piso en Madrid era un caos de cajas de cartón apiladas y recuerdos a medio desembalar. En medio de ese desorden, lo que debía ser el comienzo de una vida compartida se había transformado en una pesadilla claustrofóbica. Aitana, con su cabello pelirrojo desordenado y el rostro bañado en lágrimas, se encontraba de rodillas sobre el frío suelo, acorralada contra una gran caja de mudanza. Sobre ella, la figura imponente de Justo proyectaba una sombra amenazadora. Justo llevaba una venda blanca en la frente, vestigio de una misteriosa pelea nocturna que se había negado a explicar.
La tensión en el aire era casi sólida. Justo se inclinó de manera agresiva, con los puños cerrados y los ojos inyectados en sangre. Su voz resonó con una violencia desmedida que heló la sangre de Aitana.

¡Cállate! ¡Te dije que guardaras silencio!
Aitana sollozó desconsoladamente, encogiéndose para protegerse de un golpe inminente. Sus manos temblaban mientras intentaba inútilmente apartarlo.
¡Para, por favor, no más!
Fue en ese instante de terror absoluto cuando la puerta de entrada cedió con un estruendo ensordecedor. El coronel Santiago, un respetado oficial del ejército español de cabello canoso y uniforme formal impecable, irrumpió en la vivienda. Su mirada severa captó la escena de inmediato. Sin dudar un segundo, corrió por el pasillo directo hacia ellos.
¡Aléjate de ella!
Santiago agarró a Justo por los hombros con una fuerza sorprendente para su edad. Justo, sorprendido, se retorció con violencia intentando zafarse del agarre de acero del militar.
¡Uf! ¡Suéltame!
Pero el coronel no cedió. Utilizando una técnica impecable de combate cuerpo a cuerpo, derribó a Justo contra el suelo del salón, inmovilizándolo firmemente mientras el polvo de las cajas de mudanza flotaba a su alrededor.
¡Al suelo! Estás detenido.
”Utilizando una técnica impecable de combate cuerpo a cuerpo, derribó a Justo contra el suelo del salón, inmovilizándolo firmemente mientr…