Traición · Historia

El general vio mi ojo morado y desenterró el secreto más oscuro de la base

El general vio mi ojo morado y desenterró el secreto más oscuro de la base — Parte 1
Imagen del vídeo original

El silencio bajo la bandera

El gran salón de madera pulida de la base militar de San Lorenzo albergaba una tensión que casi podía palparse en el aire. Bajo el enorme pabellón nacional que colgaba del techo, una compañía entera de soldados permanecía en posición de firmes, inmóviles como estatuas de piedra. Entre ellos se encontraba la soldado Raquel. Con su uniforme de campaña impecable y la mirada fija en el frente, intentaba inútilmente disimular la severa inflamación y el color púrpura oscuro que rodeaba su ojo izquierdo. Era el resultado de un cobarde ataque en las sombras, un recordatorio físico de que el silencio en esa base se pagaba con sangre.

El eco de unas botas pesadas comenzó a resonar en el suelo lustrado. El General Arturo, un hombre imponente de mirada gélida y uniforme cargado de condecoraciones, avanzaba con paso firme. Su reputación de líder implacable y justo lo precedía. Mientras caminaba entre las filas de soldados, sus ojos de águila no pasaban por alto ningún detalle. Cuando llegó frente a Raquel, se detuvo en seco. La distancia entre ambos se redujo a unos pocos centímetros, y la atmósfera del salón pareció congelarse por completo.

El General Arturo inclinó levemente la cabeza, clavando su mirada en la terrible herida de la joven soldado. La mandíbula de Raquel se apretó aún más. Rompiendo el silencio sepulcral, el general preguntó con una voz ronca y demandante:

—¿Quién le hizo esto, soldado?

Un leve temblor sacudió los labios de Raquel, pero su voz no flaqueó al responder con una mezcla de orgullo y dolor:

—Alguien que pensó que nadie preguntaría por ello, mi General.

Aquellas palabras resonaron en las paredes de madera como un disparo. El General Arturo no se inmutó externamente; simplemente colocó sus manos detrás de la espalda, sosteniendo la mirada desafiante de Raquel. Sabía que detrás de ese golpe se escondía una verdad mucho más peligrosa que una simple disputa de cuartel.

Sabía que detrás de ese golpe se escondía una verdad mucho más peligrosa que una simple disputa de cuartel.