Secretos de familia · Ficción breve

El último galope sobre el ataúd de mi padre reveló su peor traición

El último galope sobre el ataúd de mi padre reveló su peor traición — Parte 2
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Anteriormente: Cuando Mateo vio al caballo saltar sobre el ataúd de su padre en mitad del campo castellano, pensó que era un tributo. Pero el testamento oculto dentro revelaría una verdad devastadora.

El secreto dentro de la caoba

El eco de aquel impacto resonó en la cabeza de Mateo como una bofetada. El caballo se detuvo unos metros más allá, resoplando y revolviéndose, como si exigiera atención. Mateo dio un paso adelante, con los puños apretados dentro de los bolsillos de su abrigo negro. Los murmullos de los vecinos se elevaron rápidamente, llenos de confusión y temor.

«¡Detente, Mateo! No profanes la memoria de tu padre en su último día», gritó Ernesto, dando un paso al frente con el rostro extrañamente pálido.

Pero Mateo ya no escuchaba. Con una determinación de hierro, apartó a Ernesto de un empujón y tomó una barra de hierro que los operarios habían dejado junto a la fosa. Con fuerza desesperada, hizo palanca bajo la ornamentada tapa de caoba. La madera crujió bajo la presión y, ante el asombro de toda la comarca, la tapa cediendo reveló un interior grotesco: no había ningún cuerpo. El ataúd estaba repleto de piedras de río envueltas en mantas para simular el peso de un cadáver.

El último galope sobre el ataúd de mi padre reveló su peor traición

En el centro del engaño, descansaba un sobre lacrado con el anillo de sello de Don Alejandro. Mateo lo abrió con manos temblorosas mientras Ernesto intentaba escabullirse discretamente hacia un vehículo estacionado en la linde del bosque. La carta, escrita con la inconfundible caligrafía enérgica de su padre, decía: «Mateo, si estás leyendo esto, es porque Fuego ha cumplido su última lección. Ernesto y el notario corrupto me obligaron a firmar el traspaso de las tierras. Me tienen retenido en el viejo molino del río Duero. Haz que paguen».

Un escalofrío de rabia pura recorrió la espina dorsal de Mateo. El secuestro de su padre se había disfrazado de una muerte natural para apoderarse de la herencia sin levantar sospechas. Mirando a los hombres del pueblo, Mateo señaló al traidor que ya corría hacia el coche.

Mirando a los hombres del pueblo, Mateo señaló al traidor que ya corría hacia el coche.