Huía sin rumbo bajo la lluvia hasta que un motero detuvo mi camino
Un encuentro inesperado bajo la lluvia
El frío del norte de España calaba hasta los huesos en aquella tarde gris de invierno. Ana caminaba apresuradamente por los peldaños de hormigón del centro de formación para adultos, un edificio de ladrillo visto que se alzaba grisáceo bajo un cielo encapotado. Llevaba su parka verde oliva abrochada hasta el cuello y se recolocó el gorro de lana rojo, intentando protegerse de la persistente llovizna que amenazaba con empaparla. Su mente, sin embargo, estaba muy lejos de preocuparse por el clima. El miedo era su único compañero constante.
Desde que huyó de su ciudad natal, Ana sentía que cada sombra en la pared era una amenaza. Su hermanastro Mateo la buscaba incansablemente para obligarla a firmar la renuncia de la herencia familiar. No había dejado rastro, o eso creía ella, hasta que un rugido ensordecedor de motores de gran cilindrada rompió el silencio del desolado aparcamiento asfaltado.

Un grupo de moteros, con chaquetas de cuero desgastadas y actitud imponente, entró en el recinto levantando una estela de agua sucia. Se detuvieron en seco, bloqueando su camino. Ana se quedó paralizada, con el corazón golpeándole el pecho con una fuerza brutal. Su respiración se volvió errática mientras miraba a su alrededor buscando una vía de escape, pero estaba acorralada contra la fría pared del edificio.
El líder del grupo, un hombre de aspecto rudo, barba de varios días y mirada penetrante, apagó el motor de su motocicleta. Se bajó de la máquina con una parsimonia que a Ana le resultó aterradora. El hombre la observó con una mezcla de curiosidad y firmeza antes de hablar con una voz grave que resonó en el húmedo aparcamiento.
Parece que no tienes claro adónde vas. Quizá podamos indicarte el camino correcto.
La joven dio un paso atrás, con las manos temblorosas metidas en los bolsillos de su parka. En ese instante de extrema tensión, el motero metió la mano en su chaqueta de cuero, y Ana se preparó para lo peor, creyendo que su huida había llegado a su fin.
”En ese instante de extrema tensión, el motero metió la mano en su chaqueta de cuero, y Ana se preparó para lo peor, creyendo que su huida…