La inspectora que arriesgó su placa para salvar a su hermana de un monstruo
Un refugio vulnerado
El olor a desinfectante y el pitido constante de las máquinas de la Unidad de Cuidados Intensivos eran lo único que mantenía a Claudia anclada a la realidad. Con un collarín ortopédico que le impedía mover la cabeza y el cuerpo cubierto de hematomas, sentía que su vida se había desmoronado en cuestión de horas. A su lado, su hermana Sara, capitana de la Policía Nacional, le sostenía la mano con firmeza. El uniforme azul oscuro de Sara y la insignia con la bandera de España en su solapa transmitían una autoridad imperturbable, un faro de seguridad en medio de la tormenta.
—Tranquila, Claudia. Estás a salvo aquí. Nadie va a volver a tocarte. He puesto a un oficial del GEO en la puerta. Estás protegida —susurró Sara, con una voz cargada de determinación profesional y amor fraternal.
Sin embargo, la promesa de seguridad se desvaneció en un suspiro. De repente, un estrépito violento resonó en el pasillo exterior. La puerta de la habitación se abrió de golpe de un puntapié. Marcos, el ex prometido de Claudia, irrumpió con los ojos inyectados en sangre y una expresión de pura demencia. Detrás de él, el oficial del GEO intentaba placarlo, pero Marcos, impulsado por una furia ciega y desesperada, logró zafarse del agarre y se lanzó directamente hacia la cama.

—¡No vas a arruinarme la vida, perra! ¡No vas a declarar! —rugió Marcos mientras extendía sus manos y agarraba con violencia el cabello pelirrojo de Claudia.
El grito de terror de Claudia fue ahogado por la rapidísima reacción de Sara. Como un resorte, la capitana se interpuso. Con movimientos limpios y letales de defensa personal, Sara propinó dos puñetazos directos a la mandíbula de Marcos, seguidos de una patada alta y seca en el pecho que lo hizo retroceder y soltar a su víctima. El impacto empujó a Marcos de vuelta al pasillo, donde el GEO finalmente logró someterlo contra el suelo mientras la pelea continuaba fuera de la habitación. Claudia, temblando incontrolablemente en la cama, se cubrió el rostro con las manos, llorando desconsoladamente mientras el eco de la violencia se alejaba.
”Claudia, temblando incontrolablemente en la cama, se cubrió el rostro con las manos, llorando desconsoladamente mientras el eco de la vio…