Segundas oportunidades · Historia

El día que la reclusa más temida me salvó la vida en prisión

El día que la reclusa más temida me salvó la vida en prisión — Parte 1
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El infierno de la lavandería

El zumbido constante de las lavadoras industriales y el penetrante olor a lejía eran la única constante en el sótano de la prisión de Cruz del Sur. Carina, con las manos agrietadas por el trabajo forzado y vistiendo el tosco uniforme verde de dos piezas, cargaba una pesada pila de toallas limpias. Su mente divagaba lejos de aquellos muros grises, recordando la traición que la había arrastrado hasta allí. Pero la realidad de la prisión siempre encontraba una forma violenta de reclamar su atención.

De repente, el pie de Rebeca, una reclusa corpulenta y de mirada sádica, se interpuso en su camino. Carina tropezó, perdiendo el equilibrio y cayendo de rodillas sobre el frío y húmedo suelo de cemento. Las toallas recién dobladas se esparcieron a su alrededor, ensuciándose al instante.

El día que la reclusa más temida me salvó la vida en prisión
«¿Adónde vas tan rápido, princesita? Aquí no hay sirvientes para recoger tu basura», siseó Rebeca con una sonrisa cruel.

Antes de que Carina pudiera levantarse, Rebeca tomó una caja de detergente industrial en polvo y la vació sin piedad sobre su cabeza. El polvo blanco y químico asfixió a Carina, haciéndola toser desesperadamente mientras le quemaba los ojos. A lo lejos, una reclusa temerosa gritó un débil: «Ya basta», pero nadie se atrevió a dar un paso al frente.

Fue en ese instante de absoluta humillación cuando el ambiente se congeló. Tara, una reclusa de imponente musculatura y una larga trenza oscura, avanzó por el pasillo con paso firme. Su sola presencia infundía un respeto absoluto. Rebeca, al verse confrontada, intentó lanzar un puñetazo salvaje, pero Tara demostró por qué gobernaba el pabellón. Con una agilidad asombrosa, bloqueó el golpe, sujetó el brazo de Rebeca y le propinó un brutal rodillazo en el abdomen. Rebeca se dobló de dolor, derrotada en segundos, mientras Tara permanecía triunfante, extendiendo su mano hacia Carina.

Rebeca se dobló de dolor, derrotada en segundos, mientras Tara permanecía triunfante, extendiendo su mano hacia Carina.