El día que la reclusa más temida me salvó la vida en prisión
Anteriormente: Tras ser traicionada y enviada a prisión por un crimen ajeno, Carina se convirtió en el blanco de las reclusas más peligrosas, hasta que una inesperada aliada cambió su destino.
Secretos bajo la sombra del patio
Tara ayudó a Carina a ponerse en pie, guiándola lejos del alboroto antes de que los guardias llegaran. En una esquina apartada del patio, bajo la débil luz del atardecer que apenas lograba cruzar los muros de hormigón, Carina intentaba limpiar el resto de detergente de su rostro.
«Gracias, Tara. No sé qué habría hecho si no hubieras intervenido», susurró Carina, con la voz rota por el miedo.
Tara la miró fijamente, con sus ojos oscuros desprovistos de cualquier emoción aparente. Su respuesta, sin embargo, dejó a Carina sin respiración.

«No me agradezcas todavía, Carina. No lo hice por caridad. Estoy aquí porque tu hermana, Sofía, me está pagando una fortuna desde el exterior para asegurarme de que salgas viva de este lugar», confesó Tara en un susurro apenas audible.
El corazón de Carina dio un vuelco. Sofía, la misma hermana por la que había aceptado asumir la culpa de un fraude millonario, estaba moviendo hilos para protegerla. Pero el alivio duró apenas un segundo.
«Pero hay algo que debes entender», continuó Tara, agarrándola del hombro con firmeza. «Tu hermana no es la única que está pagando. Tu padre ha puesto un precio muy alto por tu cabeza. Rebeca no te atacó por diversión; tu propio padre la contrató para silenciarte para siempre. Él sabe que tú eres la única que tiene las pruebas para destruir su imperio financiero si decides hablar».
La revelación golpeó a Carina con la fuerza de un huracán. Su propia familia, la que le había prometido una salida rápida a cambio de su silencio, ahora buscaba su muerte definitiva dentro de la prisión. Con Rebeca sedienta de venganza y los guardias comprados por el dinero de su padre, el peligro ya no era una posibilidad, sino una sentencia inminente.
”Con Rebeca sedienta de venganza y los guardias comprados por el dinero de su padre, el peligro ya no era una posibilidad, sino una senten…