La cicatriz de un humilde gladiador que reveló el secreto más oscuro del reino
Anteriormente: Un joven mendigo entra al coliseo para enfrentarse a una bestia temible por unas monedas de oro, pero una marca en su cuello desata un secreto real que cambiará el destino del imperio para siempre.
La traición desenterrada
El rey Héctor ordenó detener el combate de inmediato, pero el caos ya se había apoderado de la arena. Valerius, al darse cuenta de la reacción del monarca y fijar la vista en la cicatriz de Tomás, palideció bajo su elaborada túnica. Con un gesto rápido y desesperado, el consejero ordenó a sus guardias personales que ignoraran la orden real y soltaran por completo a la bestia, buscando silenciar al muchacho antes de que pudiera pronunciar una sola palabra.
Los soldados leales al rey se apresuraron a descender a la arena, formando una barrera protectora alrededor de Tomás mientras la bestia de piedra cargaba con furia. En medio del tumulto, el rey Héctor llegó al suelo del coliseo, apartando a sus propios guardias con una energía que nadie creía que poseía. Su mirada estaba fija en el joven gladiador, buscando en sus facciones los rasgos del pequeño príncipe que le había sido arrebatado quince años atrás.

¡Detengan esta locura! ¡Ese joven lleva la marca de la casa real!
Tomás, protegido temporalmente por el círculo de escudos, miró al rey y luego a Valerius. Los recuerdos fragmentados de su infancia comenzaron a encajar en su mente como piezas de un rompecabezas maldito. Recordó el incendio del palacio, las manos frías que lo arrastraron hacia el bosque y la daga que dejó aquella cicatriz en su cuello antes de que lograra escapar y perderse en el anonimato de los suburbios. El rostro del asesino que lo persiguió aquella noche era idéntico al del hombre que ahora vestía de índigo y oro.
Valerius, viéndose acorralado por la verdad y por la furia del rey, desenvainó su espada dorada. Sabiendo que su traición y su intento de regicidio del pasado habían quedado al descubierto, ordenó a sus hombres un ataque directo. La arena del coliseo se convirtió en un campo de batalla civil, donde la lealtad al trono se enfrentaba a la desesperación de los conspiradores que querían ocultar sus pecados a cualquier precio.
”La arena del coliseo se convirtió en un campo de batalla civil, donde la lealtad al trono se enfrentaba a la desesperación de los conspir…