La marca de mi pasado me condenó, pero un viejo motero decidió salvarme
Anteriormente: Cuando Helena entró en aquella cafetería de carretera, solo buscaba huir de su destino. Pero el tatuaje de su brazo desató una tormenta que cambiaría su vida para siempre.
Un secreto desenterrado
La tensión en la cafetería alcanzó un punto de ebullición. Borja y otros tres moteros cerraron el paso hacia la puerta principal, con las manos apoyadas en sus cinturones donde se intuían armas ocultas. Colt mantuvo su cuerpo como un escudo delante de Helena, cuyos ojos buscaban desesperadamente una salida trasera que parecía no existir. El silencio era sepulcral, solo interrumpido por el zumbido de un viejo refrigerador y el azote de la lluvia contra las ventanas.
—Sabes que no puedes sacarla de aquí, Colt —dijo Borja con una sonrisa tensa—. Si el jefe se entera de que la has estado ocultando todo este tiempo, rodarán cabezas. Entréganos a la chica y quizás salgas vivo de esta provincia.
Colt no se inmutó. Su mano seguía sujetando el hombro de Helena con firmeza, transmitiéndole una seguridad que ella no sentía. Con voz baja y cargada de rabia, Colt respondió:

—Su padre me confió su seguridad antes de morir, Borja. No voy a dejar que su propio tío la destruya como hizo con su madre. Ella no tiene nada que ver con vuestros malditos negocios.
Helena sintió que el mundo se desmoronaba bajo sus pies. ¿Su protector conocía a su padre? ¿Su tío, el hombre del que huía, era el responsable de la tragedia de su familia? Antes de que pudiera procesar la información, un chirrido de neumáticos resonó fuera. Un sedán negro de alta gama se detuvo frente al ventanal de la cafetería. De su interior bajó un hombre de traje impecable, escoltado por dos guardaespaldas armados. Era su tío, Mauricio. El hombre que había jurado borrar cualquier rastro del linaje de su hermano para quedarse con el control absoluto de la organización.
Mauricio entró en el local, haciendo sonar la campana de la puerta con una calma aterradora. Sus ojos fríos se fijaron de inmediato en Helena.
—Vaya, qué conmovedora reunión familiar —dijo Mauricio con una sonrisa cínica—. Colt, siempre tan leal a las causas perdidas. Es hora de que mi sobrina vuelva a casa.
”Es hora de que mi sobrina vuelva a casa.