Secretos de familia · Historia

La marca en mi piel que desenterró un peligroso secreto familiar en la carretera

La marca en mi piel que desenterró un peligroso secreto familiar en la carretera — Parte 2
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Anteriormente: Elia solo quería huir de su pasado, pero al mostrar el tatuaje de su brazo en aquella cafetería de carretera, la vida de toda una hermandad de moteros cambió para siempre.

El peso de una verdad oculta

El rugido del motor de la motocicleta de Slate cortó el aire de la tarde mientras se alejaban a toda velocidad de la cafetería. Elia se aferró a la cintura del gigante de cuero, sintiendo el viento frío golpear su rostro. No sabía si estaba huyendo de un peligro o corriendo directamente hacia él, pero el instinto le decía que ese hombre calvo y rudo era su única esperanza. Detrás de ellos, otras motos comenzaron a seguirlos a la distancia, pero Slate conocía los caminos rurales como la palma de su mano.

Minutos después, se detuvieron en un viejo almacén de grano abandonado, oculto tras una arboleda seca. Slate apagó el motor y se bajó rápidamente, ayudando a Elia a descender. Sus manos, antes duras y amenazantes, temblaban ligeramente mientras miraba el tatuaje en el brazo de la joven.

La marca en mi piel que desenterró un peligroso secreto familiar en la carretera
—Esa marca... —comenzó Slate, con la voz quebrada—. Solo los miembros de la familia directa del fundador de la hermandad llevan la calavera con las alas extendidas. Pensamos que habías muerto en el incendio de la sede hace quince años, junto con tu padre.

Elia retrocedió un paso, confundida y asustada. La historia que su madre adoptiva le había contado durante años era completamente diferente.

—Eso es mentira —replicó Elia, con lágrimas en los ojos—. Mi madre me dijo que ustedes eran unos criminales que querían hacernos daño. Ella me salvó de las llamas y me escondió para protegerme de su violencia.

Slate negó con la cabeza con profunda tristeza y sacó de su chaleco una vieja cartera de cuero gastada. De su interior extrajo una fotografía en blanco y negro, protegida por un plástico desgastado. En ella se veía a un Slate mucho más joven, sonriendo al lado de un hombre idéntico a él pero con una mirada más suave, quien sostía en brazos a una bebé con unos ojos claros idénticos a los de Elia. En el cuello del hombre de la foto se apreciaba el mismo tatuaje de la calavera alada.

Antes de que Elia pudiera procesar la dolorosa verdad de que la mujer que la había criado era en realidad su secuestradora, el sonido de varios neumáticos derrapando sobre la grava del exterior los puso en alerta máxima. La paz se había terminado.

En el cuello del hombre de la foto se apreciaba el mismo tatuaje de la calavera alada.Antes de que Elia pudiera procesar la dolorosa verd…