La mujer que me mandó a prisión resultó ser mi única salvación
Anteriormente: Jara pensó que lo había perdido todo al ser traicionada por el hombre que amaba, pero en el patio de la cárcel descubrió un secreto que cambiaría su destino para siempre.
La confesión en la sombra
El estruendo del cuerpo de Begoña al chocar contra el cemento fue seguido por el agudo sonido de las alarmas. En cuestión de segundos, los guardias de seguridad redujeron a Jara y a Clara, arrastrándolas lejos del patio antes de que estallara un motín. Ambas fueron conducidas a las celdas de aislamiento del subsuelo, un lugar húmedo y oscuro reservado para las reclusas más conflictivas. Allí, en la penumbra de una celda compartida temporalmente, Jara se volvió hacia la anciana que le había salvado la vida.
—¿Por qué lo hiciste? —preguntó Jara, limpiándose la sangre de los nudillos—. Me hiciste caer, pero luego me defendiste. ¿Qué buscas de mí?

Clara se sentó en el frío banco de hormigón y suspiró con una profunda tristeza en los ojos. Su voz, rota por los años y el arrepentimiento, resonó en las cuatro paredes.
—Te hice caer porque Begoña llevaba un punzón oculto debajo del balón. Si no hubieras tropezado, ahora mismo estarías muerta en el patio —confesó la anciana—. Y no podía permitir que mi propio hijo te destruyera también la vida. Mi verdadero nombre es Alicia, Jara. Soy la madre de Hugo.
El nombre de Hugo cayó como una bomba en la celda. El hombre que había enamorado a Jara para luego incriminarla en sus oscuros negocios financieros y enviarla a prisión era el hijo de aquella anciana. Jara dio un paso atrás, sintiendo una mezcla de asco y desconfianza absoluta.
—¿La madre de Hugo? —escupió Jara con desprecio—. ¿Es esto otro de sus juegos para atormentarme?
—No, hija mía —respondió Alicia con lágrimas en los ojos—. Hugo es un monstruo que no tiene límites. Cuando descubrí que estaba lavando dinero de la mafia y amenacé con denunciarlo, hizo lo mismo conmigo. Falsificó mi firma, me acusó de desfalco y me encerró aquí para silenciarme. Pero no contaba con que yo lograría ocultar una tarjeta de memoria con todas las pruebas de su culpabilidad. Pruebas que demuestran nuestra total inocencia.
”Pruebas que demuestran nuestra total inocencia.