Una novata humillada en prisión revela su verdadera identidad para salvar su vida
El primer golpe en Cruz del Sur
La prisión de mujeres de Cruz del Sur no perdonaba la debilidad. Desde el momento en que las pesadas puertas de hierro se cerraron detrás de Sara, ella supo que cada segundo en ese lugar sería una batalla por la supervivencia. El aire de la celda común estaba cargado de humedad, desinfectante barato y un miedo latente que se aferraba a las paredes de concreto desnudo. Apenas había tenido tiempo de acomodar su escaso equipaje en la litera superior cuando el peligro se materializó en forma de sombra.
Carla, una reclusa corpulenta que controlaba el pabellón con puño de hierro, no estaba dispuesta a permitir que una nueva olvidara quién mandaba allí. Con un movimiento brusco y cargado de una malicia entrenada, Carla tiró de las sábanas de la litera superior. El cuerpo delgado de Sara fue arrastrado sin piedad, impactando violentamente contra el frío y sucio suelo de cemento. El dolor se extendió por su espalda como un latigazo.

—El suelo es tuyo, novata —siseó Carla, sentándose en la litera inferior con una sonrisa de absoluta superioridad.
Las demás internas observaban desde las sombras, esperando el habitual llanto de sumisión. Pero Sara no era una víctima común. Lentamente, apoyando sus manos temblorosas pero firmes en el concreto, se levantó. En sus ojos oscuros no había lágrimas, sino una chispa de furia contenida que descolocó a su agresora.
—Gran error, zorra —escupió Sara, limpiándose un hilo de sangre de la comisura de la boca.
Carla rugió enfurecida y se abalanzó sobre ella. Sin embargo, Sara esquivó el golpe con una agilidad sorprendente, conectando dos puñetazos secos en las costillas de la gigante. Antes de que Carla pudiera recuperarse, Sara la sujetó por el cuello y la estampó de cara contra el suelo, inmovilizándola con una llave perfecta.
—Disfruta del suelo —le susurró al oído antes de soltarla y ajustarse el uniforme bajo el silencio sepulcral del pabellón.
”Antes de que Carla pudiera recuperarse, Sara la sujetó por el cuello y la estampó de cara contra el suelo, inmovilizándola con una llave…