Segundas oportunidades · Historia

La reclusa que arriesgó todo para salvar a una joven inocente en prisión

La reclusa que arriesgó todo para salvar a una joven inocente en prisión — Parte 1
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La chispa en el patio

El patio de la prisión de Cruz del Sur era un páramo de asfalto agrietado, rodeado por muros infranqueables coronados con espirales de concertina que cortaban el cielo plomizo. El viento de la tarde arrastraba un frío húmedo, pero la tensión acumulada entre los bloques mantenía el ambiente a punto de estallar. Lorena, una reclusa respetada por su temple, con el cabello castaño recogido en trenzas impecables y tatuajes que trepaban por su cuello, botaba un gastado balón de baloncesto contra el suelo. El sonido rítmico era su único refugio en medio de aquel infierno.

De pronto, el ritmo se rompió. Al otro lado del patio, la imponente silueta de Begoña, una mujer corpulenta de salvajes rizos rubios, tenía acorralada contra la verja a Lucía, una joven asustada que apenas llevaba unas horas en el penal. Begoña la sacudía con saña, exigiendo algo que la muchacha negaba entre lágrimas. Nadie se atrevía a intervenir; las demás presas formaban un círculo silencioso, apartando la mirada para evitar problemas.

La reclusa que arriesgó todo para salvar a una joven inocente en prisión

Lorena no pudo contenerse. Dejó caer el balón, que rodó inútil por el asfalto, y avanzó con paso firme hacia el altercado.

—¡Suéltala, zorra! —bramó Lorena, su voz cortando el aire como un cuchillo.

Begoña soltó a la chica, que cayó de rodillas, jadeando. Al girarse, la imponente mujer mostró una mueca de desprecio absoluto.

—¡Estás muerta, novata! —gritó Begoña, lanzando un puñetazo feroz directo al rostro de Lorena.

Con reflejos felinos, Lorena esquivó el golpe inclinando el torso. Aprovechando la inercia de su rival, giró sobre su propio eje y asestó un golpe demoledor en la mandíbula de Begoña, seguido de una patada giratoria impecable que impactó de lleno en su torso. Begoña se desplomó pesadamente sobre el asfalto. Lorena se inclinó sobre ella, mirándola con frialdad absoluta.

—Fuera de mi vista, basura —susurró con desprecio, antes de erguirse frente a la multitud que observaba en un silencio sepulcral.

Lorena se inclinó sobre ella, mirándola con frialdad absoluta.—Fuera de mi vista, basura —susurró con desprecio, antes de erguirse frente…