La soldado que desafió al general con un arma rota por justicia
Anteriormente: Sara ingresó en el campamento militar con un solo objetivo: limpiar el nombre de su padre. Frente al temido General Maier, usó un fusil roto para demostrar de lo que era capaz.
El silencio en el campo de tiro era tan denso que casi se podía cortar. El General Maier bajó de la torre de vigilancia con pasos apresurados, escoltado por tres guardias armados. Su habitual expresión de superioridad se había transformado en una mueca de pura furia contenida. Al llegar frente a Sara, ordenó a los guardias que confiscaran la placa y la detuvieran de inmediato por insubordinación.
El regreso del pasado
Martín intentó intervenir para proteger a su compañera, pero fue reducido rápidamente por el sargento. Maier se acercó a Sara, deteniéndose a escasos centímetros de su rostro. Sus ojos reflejaban un odio profundo, el odio de un hombre que ve su imperio de mentiras tambalearse por primera vez en diez años.

Esa placa pertenecía a un traidor que murió en un callejón oscuro de Madrid. No sé quién eres, pero jugar a los héroes aquí te costará muy caro. Entrégame eso y reza para que tenga compasión de ti.
Sara, a pesar de tener los cañones de los guardias apuntándola, no retrocedió ni un milímetro. Lo miró fijamente y, con una voz cargada de desprecio, pronunció las palabras que Maier temía escuchar:
Mi padre no era un traidor, Maier. Tú lo asesinaste para quedarte con las pruebas del contrabando de armas que hoy financia tu ascenso. Lo que no sabías es que Manuel Torres tenía una hija que heredó su puntería y su memoria.
El general, sintiéndose acorralado frente a sus propios hombres, ordenó que la llevaran a las celdas de aislamiento del subsuelo. Declaró que la recluta sufría un brote psicótico y que debía ser incomunicada de inmediato. Los guardias la arrastraron a la fuerza por el camino de tierra, mientras ella mantenía la cabeza alta, sabiendo que el verdadero plan ya estaba en marcha.
”Los guardias la arrastraron a la fuerza por el camino de tierra, mientras ella mantenía la cabeza alta, sabiendo que el verdadero plan ya…