Venganza · Historia

La traición me llevó tras las rejas, pero allí encontré la fuerza para vengarme

La traición me llevó tras las rejas, pero allí encontré la fuerza para vengarme — Parte 3
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Anteriormente: Clara nunca debió pisar la cárcel de Cruz del Sur, pero la codicia de su propia hermana la condenó. Ahora, rodeada de reclusas peligrosas, debe demostrar que ya no es la misma mujer indefensa.

El precio de la libertad

Sabiendo que su vida corría peligro inminente, Clara decidió adelantarse al movimiento de sus enemigos. Con la ayuda clandestina de Javier, quien guardaba un profundo rencor contra la corrupción que asolaba el centro penitenciario, trazaron un plan audaz. Al día siguiente, Clara caminó deliberadamente hacia la zona de las duchas comunes durante las horas de menor afluencia, el territorio preferido de Marta para saldar cuentas pendientes.

No tardó en escuchar los pasos pesados. Marta apareció acompañada por dos de sus secuaces, con los ojos inyectados en sangre y un arma de fabricación casera en la mano. Sin embargo, Clara no retrocedió. Con una calma sepulcral, miró fijamente a su rival.

La traición me llevó tras las rejas, pero allí encontré la fuerza para vengarme
—¿Cuánto te pagaron mi hermana y Mateo por deshacerte de mí? —preguntó Clara con voz firme, sin mostrar un ápice de temor.

Marta, confiada en su superioridad numérica y cegada por el orgullo herido, soltó una carcajada burlona mientras se acercaba lentamente.

—Lo suficiente para retirarme cuando salga de este agujero, niñata. Tu querida hermana Sofía quería asegurarse de que tu boquita permaneciera cerrada para siempre. Y hoy voy a cobrar mi parte del trato.

Lo que Marta no sabía era que cada una de sus palabras estaba siendo registrada por un pequeño dispositivo de grabación oculto que Javier había camuflado en las tuberías de la estancia. En ese instante, varios guardias de seguridad irrumpieron en el lugar, desarmando a Marta y a sus cómplices antes de que pudieran reaccionar.

La grabación obtenida no solo sirvió para aislar definitivamente a Marta bajo nuevos cargos de intento de homicidio, sino que fue enviada directamente a la fiscalía general junto con las pruebas del desfalco que Javier había recopilado de forma externa. Tres semanas después, las puertas de la prisión de Alcalá se abrieron de par en par para Clara. Fuera, la policía ya había arrestado a Sofía y a Mateo en el aeropuerto antes de que pudieran huir del país.

Al cruzar el umbral hacia la libertad, Clara respiró el aire puro de la mañana madrileña, sabiendo que la verdadera justicia no siempre se viste de etiqueta, sino que a veces se forja en el rincón más oscuro del destino.

Fin