La traición que casi le cuesta la vida a Sara en prisión y su impactante verdad
Anteriormente: Sara pensaba que su mayor castigo era estar encerrada, pero la traición de Begoña en el patio de la prisión reveló una red de mentiras que amenazaba con destruirla por completo.
La verdad tras los muros
El silencio que siguió a la caída de Begoña fue roto de inmediato por el sonido estridente de los silbatos de los guardias. Dos funcionarios de prisiones levantaron a Begoña del suelo mientras otros dos escoltaban a Sara hacia el edificio de administración. Sara esperaba acabar en la celda de aislamiento, el temido "pozo", por alterar el orden del penal. Sin embargo, al cruzar el umbral de la oficina, no se encontró con un castigo, sino con la mirada compasiva del subdirector del centro, quien sostenía una carpeta de piel marrón.
—Siéntate, Sara —dijo el funcionario con un suspiro pesado—. Lo que pasó en el patio no fue una simple pelea por territorio. Tienes que ver esto.

Al abrir la carpeta, Sara sintió que el aire se escapaba de sus pulmones. Frente a ella había transcripciones de transferencias bancarias y grabaciones telefónicas obtenidas por la policía judicial. La verdad era un puñal directo al corazón: su propio hermano mayor, Javier, había pagado una suma astronómica a Begoña para incriminarla en el fraude financiero de la empresa familiar. Javier quería desheredarla por completo y asegurarse de que nunca saliera de prisión para reclamar lo que legalmente le correspondía.
«No tuve opción, Sara. Tu hermano tiene a mi hija pequeña bajo vigilancia externa. Si no te eliminaba aquí dentro, la niña pagaría el precio», confesaría Begoña horas más tarde, tras colarse desesperada en la celda de Sara durante el turno de noche, sosteniendo un arma de fabricación casera con manos temblorosas.
La revelación dejó a Sara helada. Su enemiga en el patio no era más que otra víctima de la codicia desmedida de su propia sangre. Mirando a los ojos llorosos de Begoña, Sara comprendió que la violencia no resolvería nada; debían unirse si querían sobrevivir al monstruo que operaba desde el exterior.
”Mirando a los ojos llorosos de Begoña, Sara comprendió que la violencia no resolvería nada; debían unirse si querían sobrevivir al monstr…