Traición · Historia

La traición que me llevó a prisión y la verdad que mi enemiga ocultaba

La traición que me llevó a prisión y la verdad que mi enemiga ocultaba — Parte 1
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El reencuentro en el patio

El sol caía sin piedad sobre el patio de asfalto de la prisión provincial. El calor hacía que el aire vibrara, y el olor a cemento recalentado y metal era casi asfixiante. Sara se apoyaba perezosamente contra la alta valla metálica coronada con alambre de espino, buscando un segundo de paz. Su silueta revelaba el cambio drástico que había sufrido: el lateral de su cabeza rapado al cero, el cuello cubierto de tatuajes oscuros y una mirada gélida que mantenía a raya a cualquiera. La antigua Sara, la contadora ingenua y sonriente, había muerto el día que cruzó esas rejas.

De repente, un impacto seco interrumpió sus pensamientos. Un gastado balón de fútbol golpeó sus pesadas botas de lona. Al levantar la vista, se topó con la figura robusta y desafiante de Dolores. Con su habitual coleta rubia y una camiseta de tirantes blanca empapada de sudor, Dolores se acercó balanceando los brazos con superioridad, flanqueada por dos reclusas que buscaban su favor.

La traición que me llevó a prisión y la verdad que mi enemiga ocultaba
¿Te ha dolido? ¡Devuélvela si tienes valor!

El grito de Dolores resonó en el patio, atrayendo de inmediato la atención del resto de las presas. La rivalidad entre ambas era legendaria dentro del módulo. Desde la grada de cemento, una voz chillona jaleó:

¡Dale una paliza, Dolores! ¡Enséñale quién manda aquí!

Dolores no esperó un segundo más. Se abalanzó sobre Sara con un puñetazo directo al rostro. Pero Sara ya no era la presa fácil de antes. Con un movimiento felino, esquivó el golpe agachándose y contraatacó con una patada veloz que obligó a Dolores a retroceder. En segundos, ambas terminaron forcejeando violentamente contra la reja metálica, que crujía bajo el peso de sus cuerpos. Mientras el patio entero rugía apoyando a Dolores, Sara acumuló toda la rabia de tres años de injusticia y le propinó un certero rodillazo en el abdomen. Dolores se dobló por la mitad, cayendo de rodillas sobre el asfalto ardiente. Sara, sin mediar palabra, se dio la vuelta para alejarse, pero las palabras ahogadas de Dolores la detuvieron en seco.

Sara, sin mediar palabra, se dio la vuelta para alejarse, pero las palabras ahogadas de Dolores la detuvieron en seco.