La traición que me mandó a prisión se pagó con sangre tras las rejas
El cielo sobre el patio de Soto del Real amenazaba con una tormenta que parecía reflejar la tensión acumulada entre los muros de hormigón. Tania, una reclusa delgada pero de fibra pura, con los laterales de la cabeza rapados y una cicatriz en el cuello que contaba una historia de supervivencia previa, botaba un balón de baloncesto contra el suelo agrietado. El rítmico eco del balón era el único sonido en un patio inusualmente silencioso. De repente, el sonido cesó.
Al otro lado del patio, Carla, una imponente reclusa de complexión robusta y mirada desafiante, tenía acorralada a una de las presas más jóvenes, Lucía. La sujetaba del cuello contra la pared fría, disfrutando de su desesperación. Los murmullos de las demás reclusas cesaron de golpe. Nadie se atrevía a intervenir ante la crueldad de Carla, pero Tania no era como las demás. Dejó caer el balón, que rodó perezosamente por el suelo.

El estallido en el patio
—¡Suéltala, zorra! —bramó Tania, su voz resonando con una autoridad que congeló el ambiente.
Carla soltó lentamente a su víctima, que cayó de rodillas al suelo, jadeando por aire. Una sonrisa sádica cruzó el rostro de la agresora mientras se giraba lentamente hacia Tania.
—¡Estás muerta, novata! —rugió Carla, lanzando un golpe devastador directo al rostro de Tania.
Pero Tania poseía unos reflejos pulidos en la calle. Esquivó el puñetazo con un movimiento fluido de cadera, permitiendo que la inercia de Carla la desestabilizara. Aprovechando la apertura, Tania conectó un golpe seco en el mentón de su oponente y, con una agilidad sorprendente, ejecutó una patada giratoria que impactó directamente en el pecho de Carla, derribándola por completo sobre el asfalto.
El patio quedó en un silencio sepulcral. Tania se acercó despacio a la gigante caída, se inclinó sobre ella y le susurró fríamente:
Fuera de mi vista, basura.
Tania se incorporó bajo la mirada atónita de las demás presas, sin saber que este enfrentamiento físico era solo el preludio de una conspiración mucho más profunda que amenasaba su vida.
”Tania se acercó despacio a la gigante caída, se inclinó sobre ella y le susurró fríamente:Fuera de mi vista, basura.Tania se incorporó ba…