La traición que me mandó a prisión se pagó con sangre tras las rejas
Anteriormente: Tania fue traicionada por la persona en quien más confiaba y terminó en una prisión de alta seguridad. Allí, rodeada de peligro, tendrá que luchar por su vida y desentrañar una oscura verdad.
Una visita en la oscuridad
La victoria en el patio fue efímera. Esa misma noche, el eco metálico de la cerradura de su celda despertó a Tania de un sobresalto. No era la hora del recuento nocturno, y el pasillo estaba en penumbra. La puerta se abrió para revelar a la sargento Ortega, una funcionaria corrupta conocida por su brutalidad discreta. En su mano, sostenía un teléfono móvil con una videollamada activa.
—Tienes una llamada de larga distancia, novata —dijo Ortega con una sonrisa burlona, mostrando la pantalla.

Al otro lado de la línea estaba Sandra, la hermana mayor de Tania. Sandra lucía un peinado impecable y joyas caras, el vivo retrato del éxito que había construido sobre la desgracia de su propia sangre. Fue Sandra quien había falsificado las firmas de Tania, acusándola de desfalcar la empresa familiar tras la muerte de sus padres.
—Veo que sigues siendo tan impulsiva como siempre, hermanita —dijo Sandra, con una voz cargada de veneno—. Carla debía darte una lección, pero veo que tendré que pagarle el doble a la sargento Ortega para que termine el trabajo adecuadamente.
Tania sintió una mezcla de rabia y decepción profunda. La traición de su hermana no tenía límites.
¿Tanto me odias como para querer verme muerta? —preguntó Tania, manteniendo la voz firme a pesar del dolor en su pecho.
—No es odio, es negocios —respondió Sandra con frialdad—. Con el dinero de los padres bajo mi control total, puedo comprar tu silencio para siempre. Mañana se informará de un trágico altercado en tu celda. Adiós, Tania.
La videollamada se cortó. Ortega guardó el teléfono y extrajo una porra extensible de su cinturón. El espacio cerrado de la celda no dejaba lugar para escapar. Ortega avanzó un paso, con los ojos fijos en su objetivo, lista para ejecutar el encargo que la haría rica.
”Ortega avanzó un paso, con los ojos fijos en su objetivo, lista para ejecutar el encargo que la haría rica.