Me encerraron para silenciarme, pero mi defensa en prisión cambió todo mi destino
Anteriormente: Carmen pensó que su vida había terminado tras ser condenada injustamente, pero un brutal ataque en las duchas de la prisión despertó una fuerza oculta que nadie esperaba.
La telaraña de la corrupción
La victoria de Carmen en el lavabo fue tan efímera como el silencio que la siguió. En cuestión de segundos, las alarmas del módulo comenzaron a aullar con un chirrido metálico. Las puertas de hierro se abrieron de golpe y tres guardias de seguridad irrumpieron en la sala, reduciendo a Carmen con una brusquedad innecesaria mientras Rosa gemía en el suelo, incapaz de levantarse.
Carmen fue arrastrada por los pasillos subterráneos de la prisión, pero en lugar de ser conducida a las celdas de castigo habituales, la llevaron directamente al despacho del director del centro penal, Don Andrés. Al cruzar el umbral, el corazón de Carmen dio un vuelco. Sentado cómodamente en uno de los sillones de cuero, fumando un cigarro con absoluta parsimonia, se encontraba Javier, su cuñado. El mismo hombre que había falsificado las firmas y manipulado las cuentas para culparla del desfalco de la empresa familiar.

—Vaya, Carmen. Parece que sigues siendo tan impulsiva como siempre —dijo Javier con una sonrisa cínica—. Don Andrés me estaba contando que has tenido un pequeño altercado. Es una pena que tu conducta violenta vaya a prolongar tu estancia aquí indefinidamente.
En ese instante de extrema lucidez, Carmen ató cabos. Rosa no la había atacado por una simple disputa territorial; Javier la había contratado para que la eliminara antes de que el recurso de apelación llegara a los tribunales superiores. El director de la prisión estaba compinchado con él, recibiendo suculentos sobornos para mirar hacia otro lado. Carmen intentó abalanzarse sobre su cuñado, pero los guardias la sujetaron con fuerza. Don Andrés ordenó que la bajaran al sótano de aislamiento, un área fuera de los registros donde nadie escucharía sus gritos. Sin embargo, en el forcejeo, la agudeza visual de Carmen le permitió notar algo: un fajo de documentos sobre la mesa del director con el sello confidencial de la fiscalía provincial.
”Sin embargo, en el forcejeo, la agudeza visual de Carmen le permitió notar algo: un fajo de documentos sobre la mesa del director con el…