Me protegió en prisión del hombre que me traicionó, pero el peligro real apenas comenzaba
Anteriormente: Cuando Margarita fue traicionada y enviada a prisión, pensó que lo había perdido todo. Pero tras un brutal ataque en el patio, descubrió que su mayor enemiga no era quien ella creía.
El giro de la justicia
La oscuridad del sótano se tornó absoluta cuando el sargento Torres apagó las luces, dejando a Margarita y Sara a merced de sus atacantes en la penumbra. Begoña y sus secuaces avanzaron, confiadas en que aquella noche terminarían el trabajo sucio encomendado por Eduardo. Margarita se aferró al brazo de Sara, temiendo que aquel fuera su último aliento. Sin embargo, Sara mantenía una calma asombrosa que desconcertó a sus agresoras.
Justo cuando el primer ataque estaba por desatarse, las luces del sótano se encendieron de golpe, cegando temporalmente a las agresoras. Las alarmas de seguridad comenzaron a sonar con fuerza y la pesada puerta de hierro fue derribada por un equipo de intervención táctica del servicio de prisiones, acompañados por la mismísima directora del centro.

—¡Todos al suelo! ¡Sargento Torres, queda usted arrestado! —bramó el jefe de seguridad mientras los guardias reducían rápidamente a Begoña y a sus cómplices.
Margarita, temblando de la impresión, no lograba comprender lo que estaba ocurriendo. Fue entonces cuando Sara le sonrió y le reveló la verdad. Sara no era una simple reclusa común; antes de ser procesada, había estado colaborando activamente con una unidad de asuntos internos de la policía nacional que investigaba la red de corrupción del sargento Torres. El ataque del patio y el traslado al sótano habían sido la trampa perfecta, monitoreada en tiempo real mediante dispositivos ocultos, para capturar al guardia corrupto en flagrante delito y obtener la grabación de Eduardo ordenando el asesinato.
La llamada interceptada de Eduardo fue la prueba definitiva que la justicia necesitaba. Pocas semanas después, Eduardo fue arrestado por intento de homicidio, fraude y obstrucción a la justicia. Margarita fue declarada inocente de todos los cargos y recuperó su libertad y su patrimonio. Fiel a su promesa, Margarita contrató al bufete de abogados más prestigioso del país para representar a Sara, logrando que su condena fuera anulada por legítima defensa. Al cruzar las puertas de la prisión tomadas de la mano, ambas supieron que la verdadera amistad puede florecer incluso en el lugar más oscuro.


