Traición · Ficción breve

Mi esposo me traicionó en pleno parto y el doctor arriesgó todo por defenderme

Mi esposo me traicionó en pleno parto y el doctor arriesgó todo por defenderme — Parte 1
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El pasillo de la maternidad del Hospital Clínico de Valencia solía ser un remanso de paz, decorado con tonos suaves y carteles que celebraban la vida. Sin embargo, aquella tarde de primavera, el ambiente se tornó asfixiante. Elena, con su camisón de maternidad color lavanda empapado en sudor, se encontraba de rodillas sobre el frío terrazo, aferrándose al vientre con desesperación. Las contracciones la desgarraban por dentro, pero el dolor físico no era nada comparado con la humillación que estaba sufriendo a la vista de todos.

Una agresión imperdonable

A pocos centímetros de ella, Valeria, vestida con un ceñido y provocativo vestido carmesí que desentonaba por completo con la pulcritud del hospital, la atacaba sin piedad. Sus dedos enjoyados se clavaban en los hombros de Elena, sacudiéndola con rabia mientras le profería insultos crueles. A un lado, impasible como una estatua de hielo, Mateo observaba la escena con los brazos cruzados sobre su elegante traje azul pizarra. No había un ápice de compasión en sus ojos; para él, su esposa embarazada no era más que un obstáculo en sus planes.

Mi esposo me traicionó en pleno parto y el doctor arriesgó todo por defenderme

Las enfermeras, paralizadas por el impacto de la escena y el aura de poder que desprendía Mateo, no se atrevían a intervenir. Fue entonces cuando la imponente figura del doctor Ramón Alarcón apareció en el pasillo. Con su cabello cano perfectamente peinado y su bata blanca impecable, el veterano médico no vaciló. Al ver la agresión, se interpuso con una agilidad sorprendente para su edad y, con un movimiento firme y rotundo, plantó una bofetada en el rostro de Valeria que resonó en todo el corredor.

¡Atrás! En mi hospital no voy a tolerar que se violente a una madre en pleno parto, exclamó el doctor Alarcón con una voz que hizo temblar las paredes.

Valeria, con los ojos inyectados en sangre, intentó arremeter contra el médico, pero el doctor Alarcón demostró una determinación inquebrantable. Con una serie de bofetadas precisas y enérgicas, contuvo el ataque de la mujer hasta que, con un último golpe magistral, la envió directamente al suelo, donde quedó tendida y derrotada, mientras Elena lloraba desconsoladamente aferrada a la bata de su salvador.

Con una serie de bofetadas precisas y enérgicas, contuvo el ataque de la mujer hasta que, con un último golpe magistral, la envió directa…