Mi prometido me encerró para casarse con mi rival, pero la prisión me hizo invencible
El patio de los lobos
El sol de mediodía caía sin piedad sobre el patio de cemento del centro penitenciario. Para Stella, cada bocanada de aire polvoriento era un recordatorio constante de la traición que la había arrastrado hasta ese infierno. Ella, que una vez vistió trajes de alta costura y dirigió su propia empresa, ahora vestía el uniforme gris reglamentario. Pero no se había quebrado. Durante meses, el patio había sido su santuario de hierro, el único lugar donde podía transformar su dolor en pura resistencia física.
A pocos metros, Beatriz, la líder indiscutible de las reclusas, descargaba su furia contra un saco de boxeo desgastado. Su cabello pelirrojo, recogido en una trenza impecable, se sacudía con cada golpe demoledor. Beatriz no solo era temida por su fuerza, sino por ser el brazo ejecutor de quienes querían silenciar a Stella para siempre. Al ver que Stella se acercaba al área de entrenamiento, Beatriz detuvo el saco con una mano firme y se giró lentamente, mostrando una sonrisa cargada de desprecio.

¿Has venido para ser mi saco de boxeo?
El murmullo de las demás presas se extinguió de inmediato. Decenas de ojos se clavaron en ellas, esperando la humillación de la recién llegada. Stella no titubeó. Con una calma que desconcertó a su rival, se ajustó el guante de boxeo, levantó la barbilla y la miró directamente a los ojos con una frialdad gélida.
A ver cómo esquivas los míos.
La respuesta encendió la pólvora. Beatriz rugió y se lanzó al ataque con un golpe directo y salvaje. Pero Stella no era la mujer indefensa que todos creían. Con un movimiento felino, esquivó el puñetazo, se adentró en la guardia de su oponente y la atrapó en un clinch asfixiante. Con un golpe seco de rodilla en el abdomen y una rápida combinación de puñetazos al rostro, Stella derribó al gigante. El silencio en el patio fue absoluto mientras Stella se alejaba, dejando a su enemiga derrotada en el polvo.
”El silencio en el patio fue absoluto mientras Stella se alejaba, dejando a su enemiga derrotada en el polvo.