Traición · Historia

Mi prometido me humilló por pobre en el altar sin saber quién era mi padre

Mi prometido me humilló por pobre en el altar sin saber quién era mi padre — Parte 2
Imagen del vídeo original

Anteriormente: Iván pensaba que se casaba con una huérfana indefensa a la que podía pisotear. Lo que no imaginaba era que el hombre más poderoso de su empresa entraría por la puerta del templo.

Máscaras caídas

El silencio que se apoderó de la iglesia era sepulcral. Iván, que apenas unos segundos antes se sentía el dueño del mundo, cayó prácticamente de rodillas sobre el frío suelo de piedra. Su mente intentaba desesperadamente procesar la información: Claudia, la humilde muchacha de la que se había burlado por no tener apellido ni fortuna, era la única hija de Arturo de la Vega, el todopoderoso presidente de la corporación financiera más grande del país.

Señor de la Vega, yo... esto es un terrible malentendido. Estaba bromeando con Claudia, sabe cuánto la amo,

balbuceó Iván, intentando forzar una sonrisa que parecía más bien una mueca de dolor. Pero Arturo no se inmutó. Con una frialdad implacable, el empresario levantó una mano para acallar sus patéticas excusas.

Mi prometido me humilló por pobre en el altar sin saber quién era mi padre
He escuchado cada una de tus miserables palabras, Iván. Pensaste que podías pisotear a mi hija porque creías que no tenía a nadie que la defendiera,

sentenció Arturo con una voz que resonaba como un trueno en la cúpula del templo. «No solo estás despedido de manera fulminante, sino que me aseguraré de que tu nombre sea sinónimo de ruina en todo el sector financiero.»

Antes de que Iván pudiera asimilar el fin de su carrera, las puertas laterales de la iglesia se abrieron. Don Manuel, el abogado principal de la familia de la Vega, entró a paso rápido sosteniendo una carpeta de cuero negro. Su rostro reflejaba una gravedad absoluta.

Señor Arturo, lamento interrumpir, pero la auditoría de urgencia que solicitó esta mañana ha finalizado. Es mucho peor de lo que sospechábamos,

anunció el abogado, lanzando una mirada de desprecio a Iván. «Este hombre no solo planeaba humillar a su hija; ha estado desviando fondos de las cuentas principales de la empresa hacia cuentas en paraísos fiscales. Pensaba usar el matrimonio como una distracción legal para huir del país.»

Iván se quedó sin aliento. El complot que había tejido con tanto cuidado acababa de desmoronarse por completo frente al altar donde pretendía consumar su traición.

El complot que había tejido con tanto cuidado acababa de desmoronarse por completo frente al altar donde pretendía consumar su traición.