Una niña encuentra la foto de mi difunta esposa y me revela que sigue viva
Anteriormente: Cuando Roberto perdió una vieja fotografía en una calle de Toledo, jamás imaginó que una niña de diez años la recogería para revelarle un secreto que cambiaría su vida para siempre.
El regreso de entre los muertos
Guiado por una mezcla de desesperación y una chispa de absurda esperanza, Roberto siguió a Elia a través del laberinto de calles empedradas de la ciudad. Cada paso se sentía como una eternidad, un viaje directo hacia una locura de la que temía no despertar. Finalmente, llegaron a una pequeña y acogedora casa de paredes encaladas en las afueras. La niña abrió la puerta con naturalidad y entró corriendo, llamando a su madre.
Roberto cruzó el umbral con el alma en vilo. Al final del pasillo, una mujer de cabellos castaños se dio la vuelta al oír los pasos. Al ver a Roberto de pie en su entrada, dejó caer la taza que sosteniendo, la cual se hizo añicos contra el suelo. No era un fantasma, ni una coincidencia cruel. Era Sofía, su gran amor, visiblemente envejecida por los años pero inconfundible.

¿Roberto? ¿Cómo es posible que estés aquí? —exclamó ella, retrocediendo con el rostro bañado en lágrimas de terror y asombro.
El dolor acumulado durante diez años estalló en el pecho de Roberto. Las preguntas se agolpaban en su garganta, ahogándolo.
¡Me dijeron que habías muerto en el acantilado! ¡Lloré ante una tumba vacía! ¿Por qué me ocultaste que estabas viva? ¿Por qué me arrebataste a nuestra hija? —gritó Roberto, quebrado por la traición.
Antes de que Sofía pudiera responder, unos pasos pesados y el golpeteo de un bastón resonaron desde la planta superior. Un hombre de mirada gélida y porte aristocrático descendió las escaleras. Era Alejandro, el padre de Sofía, un terrateniente adinerado que siempre había considerado a Roberto un donnadie indigno de su linaje.
No debiste haber seguido a la niña, Roberto —dijo Alejandro con una frialdad implacable—. Sofía tomó la decisión correcta hace diez años para salvarte la vida. Si no te hubieras marchado, mi poder se habría encargado de destruirte por completo.
”Si no te hubieras marchado, mi poder se habría encargado de destruirte por completo.