Me encerraron por un crimen que no cometí y ahora debo defenderme para sobrevivir
Anteriormente: Tras ser condenada injustamente, Sara llega a una prisión de máxima seguridad donde las reglas las imponen las reclusas más peligrosas. Para sobrevivir, tendrá que demostrar de qué está hecha realmente.
El precio de la verdad
Con un último esfuerzo desesperado, Sara logró zafar una de sus piernas y pateó el pecho de la reclusa que la sujetaba. Al caer, arrastró consigo a la otra atacante. En la confusión de la penumbra, Sara no huyó hacia la puerta, sino que se apoderó del radiotransmisor que la guardia corrupta llevaba en el cinturón. Presionó el botón de emergencia del canal general, transmitiendo en vivo las amenazas de Roxy a toda la red de seguridad del penal.
—¡Acabad con ella! ¡No dejen que hable! —gritó Roxy, sin darse cuenta de que sus palabras estaban siendo escuchadas por la central de control del centro penitenciario.
Segundos después, las alarmas del bloque comenzaron a sonar y las luces del pasillo se encendieron de golpe. Un grupo de guardias de intervención rápida irrumpió en la celda, reduciendo de inmediato a las atacantes y arrestando a la funcionaria implicada en la conspiración. El plan de Roxy se había desmoronado por completo ante la astucia de la nueva interna.

El escándalo de corrupción interna desató una investigación ministerial inmediata sobre el penal de Soto del Real. Para evitar una crisis de relaciones públicas, el Ministerio de Justicia ordenó revisar detenidamente todos los expedientes de las internas del Bloque C, incluyendo el caso de Sara. Durante esta exhaustiva auditoría, los investigadores federales descubrieron las pruebas falsificadas que el antiguo jefe de Sara había utilizado para incriminarla.
Dos meses después, Sara cruzó las puertas de la prisión en libertad condicional absoluta, con su nombre completamente limpio de toda sospecha. Al mirar atrás por última vez, comprendió que la mayor batalla de su vida no la había ganado con los puños en el patio, sino con la cabeza y el valor inquebrantable de quien no tiene nada que perder.
A veces, el destino nos arrastra a los lugares más oscuros no para destruirnos, sino para obligarnos a descubrir la fuerza inimaginable que llevamos dentro.


