Mi jefe intentó silenciarme rompiendo mi escritorio, pero mi compañera no lo permitió
Una noche violenta en las alturas de Madrid
El sol se ocultaba tras los rascacielos del Paseo de la Castellana, tiñendo de un rojo casi sangriento las oficinas de Alarcón & Asociados. Clara, una brillante analista financiera de treinta años, permanecía frente a su ordenador portátil en la planta treinta y dos. Sabía que quedarse hasta tarde era peligroso, pero los documentos que acababa de descubrir en el servidor privado de la firma no le dejaban otra opción. Cuatro millones de euros habían sido desviados a cuentas fantasma en Suiza, y todas las firmas electrónicas apuntaban directamente a Arturo, el carismático y respetado socio principal de la empresa.
De repente, el silencio del piso desierto se rompió con el eco de unos pasos firmes. Clara sintió un escalofrío cuando la puerta de su despacho se abrió de golpe. Arturo, impecablemente vestido con un traje de sastre azul marino, entró con una mirada que distaba mucho de su habitual cortesía corporativa. No había espacio para las sutilezas.

«Sé perfectamente lo que has estado buscando, Clara. Devuélveme el disco de respaldo ahora mismo si valoras tu carrera y tu futuro», siseó Arturo, cerrando la puerta tras de sí con un clic amenazador.
Clara intentó mantener la calma, pero el temblor de sus manos la delató. Al negarse a entregar la información, la paciencia de Arturo se evaporó por completo. Con una violencia inusitada, el hombre se abalanzó sobre ella. La sujetó con fuerza del cabello rubio, ignorando sus gritos de dolor, y con un movimiento brutal, estampó su cabeza contra el sofisticado escritorio de cristal templado de la oficina.
El estruendo del vidrio al romperse en mil pedazos resonó en todo el piso. Clara cayó entre los escombros, aturdida y sangrando. Sin embargo, antes de que Arturo pudiera rematar su agresión, una figura inesperada surgió de las sombras del pasillo. Sara, la discreta secretaria administrativa que siempre vestía un chaleco gris, irrumpió en el despacho. Con una agilidad asombrosa, Sara saltó en el aire y propinó una espectacular patada voladora directa al pecho de Arturo, enviándolo al suelo de manera fulminante.
”Con una agilidad asombrosa, Sara saltó en el aire y propinó una espectacular patada voladora directa al pecho de Arturo, enviándolo al su…