Traición · Historia

Mi jefe intentó silenciarme rompiendo mi escritorio, pero mi compañera no lo permitió

Mi jefe intentó silenciarme rompiendo mi escritorio, pero mi compañera no lo permitió — Parte 2
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Anteriormente: Clara descubrió el desfalco millonario de su jefe en la firma madrileña. Pensó que estaba sola frente a su furia, hasta que un pacto silencioso lo cambió todo.

El secreto detrás del chaleco gris

Arturo yacía en el suelo, gimiendo de dolor y tratando de recuperar el aire tras el brutal impacto. Sara no perdió un segundo. Se agachó rápidamente entre los vidrios rotos y ayudó a Clara a incorporarse, limpiándole con delicadeza la sangre que corría por su frente.

«Tenemos que movernos ya, Clara. El dolor de Arturo no durará mucho y tiene al equipo de seguridad del edificio en su bolsillo», advirtió Sara con una firmeza que contrastaba con su habitual timidez de oficina.

Clara, aún aturdida por el golpe, la miró con asombro. No entendía cómo la silenciosa empleada de administración poseía tales habilidades de combate ni por qué arriesgaba su vida de esa manera. Mientras se dirigían al despacho presidencial para recuperar el disco duro con las pruebas del desfalco, Sara reveló la verdad que había guardado durante dos años.

Mi jefe intentó silenciarme rompiendo mi escritorio, pero mi compañera no lo permitió
«Mi verdadera identidad es Sara Vargas. Mi hermana menor, Lucía, trabajaba en tu puesto hace dos años. Cuando descubrió las mismas cuentas secretas de Arturo, supuestamente se suicidó saltando desde esta misma planta. Sé que Arturo la asesinó y no pararé hasta verlo tras las rejas», confesó Sara con los ojos empañados por la determinación.

La revelación dejó a Clara sin aliento, comprendiendo la magnitud del monstruo al que se enfrentaban. Al llegar al despacho principal, Sara introdujo una tarjeta de acceso clonada en el sistema. Sin embargo, justo cuando la barra de transferencia de los archivos encriptados llegó al cincuenta por ciento, una alarma roja comenzó a parpadear en las pantallas. Arturo, recuperado de la patada, había activado el protocolo de emergencia de la empresa. Las compuertas blindadas de las escaleras comenzaron a sellarse y los ascensores privados iniciaron su ascenso con el equipo de seguridad privada, hombres contratados por Arturo para hacer desaparecer cualquier cabo suelto. Estaban completamente atrapadas en el piso treinta y dos.

Estaban completamente atrapadas en el piso treinta y dos.